8M: Historia insurgente de la mujer trabajadora

8M: Historia insurgente de la mujer trabajadora

Por Laura Pasquali / Doctora en Historia (ISHIR / UNR; AAIHMEG)

Cada 8 de marzo nos trae una querella particular, que sobresale entre las otras: el paro internacional de mujeres, la demanda de la responsabilidad social sobre los cuidados, la denuncia sobre el trabajo no remunerado. En suma, cada 8M presenta más y novedoso protagonismo femenino. Sin embargo, ese protagonismo no se desenvolvió sin conflictos o tensiones: por el contrario, se trata de una historia plagada de silenciamiento y opresión, pero también de resistencia, lucha, organización y conquistas.

El creciente interés en conocer la historia de las mujeres obedece, en buena medida, a la influencia del movimiento feminista que, con su preocupación en situar a las mujeres como sujetos históricos, ha subrayado la necesidad de evaluar su presencia, su importancia y significado en una sociedad y en un momento determinado. Eso contribuyó a construir una historia de las mujeres que valora la presencia femenina en todos sus aspectos: la vida cotidiana, personal, económica. Mujeres situadas en momentos históricos concretos y en los diversos grupos sociales, sujetas a una serie de limitaciones y con intereses y actividades específicas.

Sin embargo, el relato histórico no siempre ha rescatado la importancia de la mujer como sujeto de la historia. La responsabilidad de esto está en una orientación tradicional de la historia que la entiende como el ámbito de las acciones humanas… pero entendiendo por “humano” la vida pública ejercida por varones. Una caracterización de la historia como esta, excluye de lleno a las mujeres, pues su lugar tradicional no ha sido el ejercicio del poder público. Por eso las mujeres han significado poco en los escritos sobre el pasado, pues la historia, la economía y la política eran territorio de los varones: ni el poder, ni la violencia, ni la herencia, ni la producción, ni la valentía eran asuntos femeninos.

Aunque eso parece paradójico, ya que hay muchas investigaciones sobre el proceso de movilización ciudadana, el carácter democratizador del voto, la sociabilidad política, las transformaciones devenidas de las crisis económicas, el impacto de los procesos de modernización o la dimensión cultural de las prácticas cívicas. Pero… esos trabajos reconstruyen las experiencias masculinas y las presentan como universales. El activismo de las mujeres nunca ha sido bien visto e incluso se utilizaron argumentos románticos para justificar ese ocultamiento; por eso, el acto de descubrir las voces de las mujeres y definir los espacios de las prácticas políticas de género es una forma de encontrar nuevos lenguajes para leer los hechos del pasado y los relatos históricos aceptados socialmente.

Afortunadamente, cada vez hay más y mejores investigaciones, que, como apuestas políticas, van transformando la imagen de la Historia, haciendo cada período más rico y más completo a fin de entender que las mujeres, en calidad de actores sociales estamos presentes, participamos y conformamos esas realidades. Producciones que se ocupan de las mujeres y las relaciones de género en los procesos armados y revolucionarios; análisis sobre activismo sindical femenino; trabajos que abordan el mundo laboral y las mujeres en sus múltiples inserciones: historia de las empresas, del trabajo doméstico, del trabajo no remunerado, del trabajo sexual; estudios sobre la militancia femenina en los fascismos y los antifascismos; exploraciones sobre los movimientos sociales de mujeres.

Todas esas voluntades, entre otras, demuestran que escribir, hablar y enseñar sobre la presencia femenina en la Historia es provocador, es insurgente.

Imagen: Obreras. Compañía de fósforos Sudamericana. S/f – Archivo General de la Nación


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