La ESI le hace frente a la pandemia y regresa a las aulas

La ESI le hace frente a la pandemia y regresa a las aulas

Columna mensual de la Asamblea Permanente por la ESI Rosario.

Arrancamos el ciclo lectivo con la pregunta ¿Cómo volvemos a las escuelas?. Es sabido que aún tenemos una situación epidemiológica que no nos permite relajarnos y que muchos edificios escolares no cumplen con los requisitos necesarios para que podamos habitarlos con los cuidados y protocolos que amerita esta situación. 

Uno de los ejes de la Educación Sexual Integral nos habla de la importancia de la afectividad, de la pedagogía del afecto. Pero, ¿cómo poder desplegar una pedagogía del afecto cuando las escenas escolares que se multiplican desde comienzos de febrero parecieran estar más atravesadas por la desorientación, cierta apatía y el cansancio que por el entusiasmo del encuentro? ¿Será que el 2020 se resiste a terminar y los efectos de un año signado por temores, aislamiento social, pérdidas, “sobreadaptación” tecnológica, precarización económica se perciben en los cuerpos que hoy ensayan presencia? Y si sumamos a estos primeros contactos entre estudiantes-docentes la gran cantidad de protocolos y elementos que -en el mismo movimiento- nos protegen y distancian, el paisaje se pone más complejo. 

No quisiéramos con esto caer en generalizaciones porque sabemos que las realidades escolares son bien variadas, ni tampoco promover el desaliento colectivo pero, si hay algo que hemos aprehendido junto a la ESI, los feminismos y las disidencias es a estar advertidas de la romantización de las prácticas y a politizar nuestra vida cotidiana, atendiendo a lo que se inscribe en nuestras sensibilidades a partir de la experiencia.  

Por eso, en este contexto se torna necesario problematizar lo afectivo y revisar, desde la perspectiva de género y diversidad, lo que entendemos por cuidados. Porque venimos también de un año de trastocamiento entre lo público y lo doméstico, de sobrecarga de trabajo asumido por las identidades feminizadas -adultas y jóvenes-, de repliegue en el ámbito familiar, sabiendo que “la casa no siempre es un lugar seguro” respecto a la vulneración de derechos de infancias y adolescencias.  Todo esto nos pone, como docentes y activistas por la ESI, frente a desafíos y preguntas que apuestan a promover conversaciones colectivas y situadas. En esta columna, podemos delinear provisoriamente, tres de ellas:

En primer lugar, poder trabajar sobre lo vincular, generando espacios de escucha y empatía. Retomando el eje de la afectividad, como uno de los cinco principales de la ESI, arriesgamos a decir que habitualmente no es considerado en su importante significación, en comparación con los otros (derechos, perspectiva de género, diversidad y cuidado del cuerpo y la salud). A veces se lo asocia erróneamente con lo que se conoce como “educación emocional” o “gestión de las emociones”, despolitizando su apuesta por lo “en común”, discriminando entre “emociones buenas y malas” y reduciéndolo a habilidades individuales. Corremos, así, el riesgo de pedagogizar los afectos, y desentendernos hoy de propiciar condiciones para que las experiencias y emociones de les estudiantes puedan ser alojadas, circulen y se conecten con otras, sin valoraciones a priori.

En segundo lugar, a este 2021 lo arrancamos con una ley muy esperada, la Ley 27.610 (2020) de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que sin lugar a dudas necesitará de la ESI en cada una de las aulas para poder garantizar su implementación como derecho. El aborto debe ser un contenido abordado por la ESI al igual que los demás derechos sexuales y (no) reproductivos.

Y, en tercer lugar, la necesidad de conseguir nuestra Ley de Educación Sexual Integral Provincial, reclamo que venimos sosteniendo como bandera desde nuestro colectivo. El proyecto recibió media sanción en Cámara de Diputades en 2020 y actualmente se encuentra, otra vez, en Cámara de Senadores sin noticias sobre su tratamiento.  

Por último, encontrándonos en el Día de la Visibilidad Lésbica 7M, a pocas horas de un nuevo 8M y habiendo comenzado el año con 47 femicidios en dos meses (según informó la organización Mumalá – Mujeres de la Matria Latinoamericana), queremos recordar una vez más que la ESI es una herramienta fundamental para prevenir y erradicar la violencia machista y el lesbo-odio. Debemos insistir en las crianzas, en cuestionar lo establecido, la heteronorma y los estereotipos de género para, desde allí, poder modificar pensamientos y comportamientos. No podemos ver el dato de que, en lo que va del año, 55 niñxs y adolescentes se quedaron sin madre como producto de los femicidios y no pensar en nuestres estudiantes, que han pasado todo un año en sus casas, careciendo del espacio de confianza y contención fundamental que puede ser la escuela si el hogar no resulta un lugar seguro.

Garantizar la ESI en la virtualidad durante el 2020 fue una tarea que inmediatamente nos propusimos como docentes bajo la consigna “La ESI no está en cuarentena”, pero también creemos que el clima que propicia la presencialidad resulta ideal para poder trabajar desde la afectividad y el profundo compromiso con nuestres estudiantes, y hacia allí vamos, una vez más, en este 2021.

PH imagen portada Asamblea por la ESI Rosario


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