Una revolución de derechos

Una revolución de derechos

El movimiento de mujeres y feminismos reúne en Rosario a cientos de cuerpos que dan forma a uno de los movimientos más dinámicos del país. Un punto de inflexión fue sin duda el Encuentro Nacional de Mujeres que se celebró en 2016 en la ciudad y cuya organización implicó reuniones, división de tareas, debates y aprendizajes de construcción colectiva durante más de un año que –pese a los tristes recuerdos de la represión policial final- convirtieron a la marcha rosarina en histórica, por ser la más concurrida de todos los Encuentros.

Variadas historias se cruzan en cada asamblea, la del 8M, 3J, 25N, militantes históricas, pibas de los secundarios, de partidos e independientes nutren las reuniones en La Toma, potencian a un movimiento que no está dispuesto a retroceder.
Andrea y Silvana son parte de esas asambleas, participan de un ámbito que convoca a mujeres, lesbianas, travestis, trans e identidades disidentes, vienen a compartir luchas diferentes dentro de un mundo que las une, el mundo del trabajo.

Una es docente de historia, las aulas han sido su lugar de trabajo, y desde allí su camino a la militancia sindical. La otra es feriante, vende lo que produce con sus manos en una feria itinerante que también le abrió camino a su militancia sindical. Son mujeres, laburantes, dirigentes sindicales y militantes feministas, son parte de la revolución en marcha.

“La feria itinerante se mueve por distintos lugares. La mayoría somos mujeres, que sostenemos la lucha en las calles y nos organizamos para trabajar” dice Andrea Campos, quien a sus 50 años es coordinadora de la Feria Itinerante de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) en Rosario.

Silvana Cadahia destaca que el gremio al que pertenece, el Sindicato Argentino de Docentes Particulares (Sadop), está constituido en su mayor parte por mujeres, en tanto la docencia es “una tarea feminizada” que cumple con los roles tradicionales que históricamente nos han adjudicado a las mujeres. “Tengo 50 años. Soy profesora de historia, comencé a trabajar a los 20 años y rápidamente me sindicalicé porque creo que como trabajadora lo primero que uno tiene que saber es cuáles son sus derechos y el sindicato es el ámbito para conocer esos derechos y para defenderlos”.

Profesora de historia educada en el credo católico, Silvana señala la oportunidad que tuvo de tener educación y poder acceder a las necesidades básicas. “Virginia Woolf hablaba en su novela del “cuarto propio” para poder escribir, yo pude tener el mío, pude tener información y libertad. Fui creciendo, me formé, de chica participé en la pastoral. Luego con el estudio de la historia pude ver la mirada de la historia antropocéntrica y también fui conociendo la historia de las mujeres, participé de los seminarios de la escuela de género, estudié educación sexual con Liliana Pauluzzi, tuve grandes maestras”.

Silvana Cadahia – Ph gentileza Silvana Cadahia

Sobre la crianza de sus hijos asegura “la compartí con mi esposo y una batallón de familia, y además me llevaba los pibes a donde estaba, por mi tipo de trabajo. No obstante es evidente que hay una mayor sobrecarga que tiene que ver con un mandato histórico de las mujeres. Y como mujer los espacios académicos y de dirigencia son altamente competitivos y requiere viajar, capacitarse, tiene un costo, es complejo y estresante. No tenemos un único ámbito de realización. Aprendí a estudiar con ellos encima” cuenta Silvana quien hoy se desempeña como secretaria adjunta de la seccional Rosario del Sadop.

Andrea llegó a Rosario a sus siete años y junto a su familia se instaló en barrio Cristalería donde vivió hasta los 16 años para luego trasladarse a barrio Martin. Sus estudios se vieron interrumpidos por la enfermedad de su mamá de quien debió hacerse cargo, por lo que años más tarde pudo terminar la secundaria en el vespertino Pedro J Cristiá. “Los profesores de ahí me ofrecieron una salida laboral porque con mis escasos recursos económicos no podía solventar el colectivo, y empecé a trabajar en la administración en una fábrica de planchas. Después me anoté en la Facultad de Derecho, hice primer año, dejé, después volví en el segundo año, los profesores me insistían para seguir, me encontré con buena gente, pero fue mí decisión abandonar porque quedé embarazada de mi hijo y decidí dedicarme a él, después vino mi hija”. Andrea recuerda esos momentos y dice con gracia “era muy Susanita”.

Fue el fallecimiento de su hermano lo que la llevó a vivir un periodo de depresión “no podía levantarme” y luego la muerte del ex presidente Néstor Kirchner lo que la impulsa: “Me di cuenta de que no podía seguir así, que tenía que salir a pelear a la calle”. Es así como “por medio de mi hija que conocía a un compañero del Movimiento Evita me hizo el contacto y me acerqué al frente de mujeres del Evita. De a poco me fui enamorando de las luchas de las pibas y pude ver otras miradas como la de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal de la que hoy participo. Yo me he practicado un aborto y he pasado por todos esos momentos de culpa, vergüenza, angustia y no quiero que nadie pase por esto” afirma mientras lleva con orgullo su pañuelo verde en la cartera.

Para Andrea la militancia es “la oportunidad de encontrar herramientas para salir a trabajar, para salir adelante”, así es como se fue sumando a la Feria Itinerante de la CTEP: “Yo feriaba en una plaza y cuando me enteré de cómo se venían organizando lxs compañerxs de CTEP me acerqué y me dieron un espacio. Hubo muchas situaciones en el proceso de construcción del espacio y terminé haciéndome cargo de la coordinación, la feria es algo que me apasiona. La militancia me dio herramientas para sostener la feria no solo desde lo logístico sino que también les hablo a lxs compañerxs de los derechos, la conciencia social, la construcción colectiva. Hasta que el cuerpo me dé voy a seguir adelante”.

Hacerse escuchar

“A las mujeres nos cuesta todo, acá – en la feria- también pasa que nos cuesta hacernos lugar, que escuchen tus reclamos porque no hablas por vos sino por todos tus compañeros y compañeras”, señala Andrea sobre los lugares de poder y decisión históricamente vetados a las mujeres. “Para mí fue fundamental militar en el movimiento de mujeres, hay herramientas que una va conociendo y después te sirven para plantarte y decir mi posición es esta, sobre todo conocer los derechos que tenemos y hacerlos valer”.

Por su parte, Silvana detalla su recorrido y cuenta: “En el 2000 comencé a ser delegada de la escuela La Salle en el Sadop. Por ese entonces el sindicato me convoca para conformar un instituto de capacitación para la formación de lxs afiliadxs y empezamos un recorrido de investigación que tenía que ver con la violencia en las escuelas que interpelan la propia tarea docente. A medida que fui formándome como docente y trabajando con futuros docentes empecé a desarrollar mi vocación para el trabajo sindical y en el 2015 integré la lista por la cual asumí la Secretaría de Cultura y Derechos Humanos, que se crea a nivel nacional en todo el sindicato”.

Andrea Campos – Ph Estefania Baudino

Andrea asegura que el hacerse escuchar tiene que ver con el poder tomar las riendas de sus propios espacios: “La coordinación de la feria me permite conocer las realidades de otras compañeras y también poder interferir ayudándolas de distintas maneras. La militancia sindical es machista y esta ola feminista nos impulsa a las mujeres. En el Encuentro de Mujeres en Trelew participé junto a mis compañeras de la primera plenaria de CTEP en un encuentro y salió esto de decir basta de tener lugar solamente en los merenderos también tenemos que estar en lugares de decisión, tenemos derecho a estar sentadas en una mesa y decidir”.

“Hay que apostar a la concientización y también ir pensando en otras acciones como las transformaciones familiares, los nuevos roles que también se tienen que traducir en la legislación, por ejemplo en torno al nacimiento y la adopción con más licencias para varones, por qué siempre las mujeres tienen que asumir las tareas de cuidado y siempre son las que hacen uso de la licencia por familiar enfermo”, reflexiona Cadhaia sobre los desafíos de esta marea feminista.

También destaca algunas acciones ya emprendidas: “Fuimos desarrollando acciones que nos permitan estar mejor posicionadxs para defender nuestros derechos. Creamos el ámbito ‘Cuenta conmigo’ que es de asesoramiento, información y acompañamiento en violencia de género y violencia familiar. Se consiguió, por ejemplo, la licencia por violencia de género para docentes. También contamos con una feria de apuntes para el aula, para acompañar el currículo, editamos materiales para la no violencia contra las mujeres y pedagogías no sexistas como el libro Nuevas historias de antiguos relatos. Reescrituras desde la perspectiva de género y trabajamos para lograr mayores derechos en general en tanto las compañeras son mujeres trabajadoras”.

Los feminismos

“Los sindicatos fuimos desarrollando una agenda que compartimos con la asamblea de mujeres, con el colectivo Ni Una Menos, y que se sostiene a pesar de nuestras grandes diversidades, porque nos une la convicción de luchar contra la violencia” comenta Silvana al ser consultada sobre su participación en las asambleas feministas de la ciudad.

“Con las compañeras tenemos plenarias donde a través de talleres dinámicos apuntamos a que todas tomen conciencia de que son trabajadoras, que se reconozcan como tales y así poder pelear por todos los derechos. Participo de todas las plenarias y asambleas de mujeres, en los paros -por ejemplo- hemos optado por feriar pero con carteles, cintas violetas, y hablando entre nosotras sobre los porqué de los paros. Por más que seamos trabajadoras informales somos trabajadoras. Lo particular se convierte en lucha en común” destaca Andrea mientras muestra una imagen de la bandera de Mujeres CTEP.

Silvana cuenta que con sus compañeras también realizan talleres de formación y divide las dinámicas en dos agendas: “Lo que es la agenda dura de marchas, que exige una presencia activa, y además una agenda de prevención, de deconstrucción de estereotipos, con acciones de visibilización y aprendizaje a partir de la toma de conciencia de los compañeras y compañeros directivos y compañeras delegadas y afiliadxs. Es una agenda que tiene un impacto a mediano y largo plazo y un efecto revolucionador”.

Al respecto y desde su militancia sindical evalúa: “No hay una única agenda feminista, hay muchas agendas feministas, nosotras tememos nuestra agenda que es sindical. Para nosotras es importante sostener el colectivo y hacerlo respetuosamente, tenemos que ser cautas con todo lo que nos provoque segmentación. Como parte del Movimiento Sindical Rosarino (MSR) trabajamos con las compañeras de los demás gremios que lo integran en distintas cuestiones como por ejemplo el impacto de las políticas neoliberales en las mujeres trabajadoras. Muchas compañeras tenemos además cargos de conducción, lo que es importante porque las secretarias de género no lo son todo. También hay ámbitos de producción donde las mujeres recién ahora participamos, entonces la representación es diferente”.

Tanto Andrea como Silvana coincidieron en que la revolución feminista es una revolución de derechos.


Euge Rodríguez

Euge Rodríguez

Licenciada en Periodismo en Universidad Nacional de Rosario. (@RodriguezEugeOk)