Puérperas: Abrazar sin juzgar

Puérperas: Abrazar sin juzgar

En el marco de la Semana Mundial del Parto Respetado, celebrada entre el 17 y el 23 de mayo, el puerperio busca lugar para ser, al menos, reflexionado. Inmediatamente y tras el nacimiento, la persona con capacidad de gestar se inmiscuye dentro de un mundo totalmente novedoso, aumentando aún más aquellas sensaciones que ya venían coexistiendo a lo largo de la gestación. Un nuevo rol en la vida, un nuevo ser en la existencia, sociedades que demandan, angustia, soledad, agotamiento, y un sinfín de sentires más.

“En principio, hablaría de puerperios, en plural. Si bien desde las concepciones más clásicas puede pensarse como el período que se inaugura tras el parto, vaginal o por cesárea, y que incluye cambios físicos, hormonales, psíquicos, cognitivos y sociales, es una etapa que no se puede universalizar. No es para todxs igual”, relató a Reveladas Natalia Diaz Juszkiewicz, Lic. en Psicología con orientación clínica, perspectiva de género y diversidades, asesora en Lactancia y Doula.

En tal sentido, destacó que influyen de manera inmediata la historia vital y familiar, la historia de pareja en caso de haberla y los rasgos de personalidad de esa persona gestante y sus recursos simbólicos, sumado a las representaciones que posee sobre la maternidad y cómo fue maternada, si cuenta con una red de apoyo, entre otros factores.

Vulnerabilidad, angustia, duelos y culpa se entretejen entre las sensaciones de felicidad. Una felicidad que se aleja de las tapas de las revistas con mujeres irreales, sonrisas amplias y ni un rasgo de sueño. “Lxs bebés fuera del útero, para subsistir y desarrollarse, requieren del contacto permanente a través del cuidado, las caricias, la nutrición, la voz y el afecto”, resaltó Diaz Juszkiewicz, exhibiendo la ambivalencia de sensaciones en las que las mujeres y personas con capacidad de gestar se encuentran tras un parto. Así, de a poco, esta nueva díada se va adaptando.

Por su parte, la Lic. en Obstetricia Andrea Ducasse comentó: “El puerperio es un período de transformaciones progresivas de orden anatómico y funcional que hace regresar paulatinamente todas las modificaciones gravídicas y que se desarrolla por un proceso de involución de las mismas hasta casi regresarlas a su estado inicial, a excepción de la glándula mamaria”.

A su vez, citó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) quien lo clasifica en: inmediato (las primeras 24 horas tras el nacimiento), mediato (de 24 horas a 10 días), alejado (hasta 40 días posteriores al nacimiento) y tardío (hasta un año después del parto vaginal o por cesárea).

Negar una realidad

“Entre las dificultades, las que se presentan más fuertemente en nuestro contexto social actual es la soledad de la mujer puérpera y las exigencias. Soledad que se da porque nuestra sociedad muestra un sistema capitalista y de producción que hace que las familias estén bastante desmembradas y cada miembro debe ocupar mucha parte de su tiempo en producir. Y también está la red familiar. Antes estaban muy presentes las mujeres de la familia y hoy también tienen una función activa en esta sociedad que demanda de manera muy feroz. Así, la mamá se encuentra en su puerperio criando en mucha soledad”, manifestó la doula rosarina Ofelia López.

Por otra parte, están las exigencias a las que esta mujer o persona con capacidad de gestar se encuentra. Exigencias para volver, justamente, lo más rápido posible a su ritmo anterior, principalmente con su trabajo, generando una sobreadaptación a un ritmo que tampoco es el del nuevo ser que acaba de nacer. Uno de los factores que, todas las profesionales consultadas coinciden, genera mucha angustia y frustración.

“Lamentablemente, tanto las personas gestantes como sus parejas, en caso de haberlas, o familias, se anotician de estos procesos en la medida en que los vivencian. Esto suele tener que ver con una idea que se sostiene en el sistema patriarcal en cuanto a cómo debe ser la maternidad. Mediante mecanismos, muchas veces muy sutiles, nos cuentan la historia de que la maternidad es el momento más feliz de la vida, que todo es bello, tranquilo, disfrutable, y solamente hay lugar para que las personas nos sintamos contentas y realizadas”, indicó la Lic. En Psicología con formación en Salud Mental Perinatal y Violencia de Género, Romina Loiacono.

Y remarcó: “Pues no. La maternidad no se trata solamente de eso. También es incertidumbre, ambivalencia, miedo y caos. Ese silenciamiento y necesidad de reproducir un statu quo patriarcal en donde se ve que las mujeres y personas con capacidad de gestar tenemos hijxs, cuidamos, y nos dedicamos a tareas domésticas por amor. Entonces, si es por amor, no hay nada de qué quejarse”.

Sobrediagnósticos y subdiagnósticos

Con todo ello, muchas veces se suelen naturalizar sobrediagnósticos o subdiagnósticos. Es decir, diagnosticar una patología que no existe, o negar alguna afección que realmente pueda estar ocurriendo, sin dejar de resaltar lo saludable del período del puerperio como tal. “Cuando hablamos de puerperios tenemos que conocer que es normal vivenciar lo conocido como baby blues, tristeza posparto o disforia posparto. Se observa llanto sin motivo aparente, sensibilidad, vulnerabilidad y angustia. Pero alrededor de la segunda semana tras el parto comienza a remitir de manera espontánea”, mencionó Diaz Juszkiewicz.

Aun así, no siempre se trata de eso. Según destacó la profesional, a diario ocurren diagnósticos erróneos realizados por personas no especializadas en salud mental perinatal y eso es un riesgo. En cuanto a la depresión posparto, ésta tiene su complejidad ya que puede agravarse frente a otros factores como violencia de género, crisis en la pareja o familia, falta de apoyo y redes de contención, incluyendo antecedentes o cuadros depresivos de base.

“Es una de las complicaciones obstétricas más subdiagnosticadas en Argentina. Al menos un 20% de personas padecen depresión posparto en países de bajo desarrollo como el nuestro según indicadores mundiales, algo que afecta notablemente a quien lo padece pero también modifica el desarrollo cognitivo y emocional del niñe”, exhibió Diaz Juszkiewicz, quien resaltó que, si durante dos o más semanas persisten manifestaciones de tristeza, desesperanza, llanto incontrolable, fatiga, agotamiento, falta de energía y de interés, falta de disfrute, irritabilidad, culpa, vergüenza, cambios en el apetito, dificultad para vincularse, temor a estar solx con lx bebx, miedo o pensamientos de querer dañarse a sí mismx o a su bebx, es importante consultar con un profesional especializado en perinatalidad.

Abrazar al puerperio

Es importante, entonces, contar con espacios para decir lo que pasa sin sentirse juzgadas. Abrir el abanico a la conversación, a la reflexión social, a la desnaturalización de la romantización constante del posparto y nueva vida. A su vez, la sororidad siempre fue y será un abrazo necesario. Existen tribus y grupos de mujeres y personas con capacidad de gestar que se reúnen y comparten, validan y dan lugar a las emociones que se transitan de manera grupal.

Así aparecen ellas, las Doulas. En Rosario y desde hace 15 años, existe “Doulas de Rosario”. “Venimos acompañando a las mujeres y personas con capacidad de gestar en puerperios de manera individual y personalizada, o de manera grupal. Esto último es lo que más recomendamos porque al encontrarse con sus pares, se produce una sensación de sanación y alivio. Tenemos talleres de crianza, sin una bajada de línea, sino que se habilita la escucha, el respeto. Es un aprendizaje colectivo que nos nutre a todxs”, comentó Ofelia López.

La escucha amable y la contención, harán que el proceso se vuelva más liviano y llevadero. Que tenga lugar a ser, sin exigencias y ritmos que poco tienen que ver con lo saludable y natural de este momento tan único, particular y subjetivo. Dar lugar a la palabra, a la lágrima, a la descarga. Dar lugar al puerperio, a las puérperas. Abrazar, sin juzgar.

*Por Victoria Rotemberg

Imagen: Doulas Rosario

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