Evita eterna

Evita eterna

#Insurgentes I Hay una genealogía que nos permitió llegar hasta acá. En esta nueva sección de Reveladas compartiremos biografías de mujeres y disidencias que se abrieron paso en sus territorios y apostaron a la lucha y el trabajo colectivo. Ellxs se plantaron en contextos hostiles, lucharon por los derechos de todxs y muchas veces fueron silenciadas por los relatos históricos. En un nuevo aniversario de su muerte, en esta oportunidad recuperamos la historia de Eva Duarte de Perón, una de las figuras trascendentales del siglo XX, cuya imagen ilumina aún las luchas sociales del presente. Su corta presencia en la vida política argentina no impidió que sacudiera las bases del papel tradicional de la mujer en la sociedad y en los destinos del país.

Por Cecilia Alonso / Profesora de Historia

“Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa pública y ha muerto la hora de la mujer como valor inerte y numérico dentro de la sociedad. Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración polí­tica de los destinos de su paí­s, que es, en definitiva, el destino de su hogar” Evita, 12 de marzo de 1947

Eva Duarte es, sin dudas, una de las figuras políticas centrales del siglo XX. A pesar de su corta vida, su trascendencia fue tal que se volvió historia y mito. De las más amadas y las más odiadas, su existencia interpeló a una Argentina en la que las mujeres no tenían derecho al voto ni a ser representantes. Evita llegó al “poder” siendo primera dama, un rol que no tenía peso político y al que supo darle, sin embargo, un sentido y una función inédita. Tomó la palabra y ejerció el poder, con sus miles de contradicciones, dando lugar a un vínculo con los sectores populares y las mujeres humildes que ni su propia muerte rompería.

Evita tuvo una breve pero intensa vida. Nació en la localidad de Los Toldos, provincia de Buenos Aires, el 7 de mayo de 1919. Fue la quinta hija de la unión entre Juan Duarte y Juana Ibarguren, una familia de clase media que a los pocos años del nacimiento de Eva comenzó transitar ciertas complicaciones económicas debido al fallecimiento del padre. Doña Juana se hizo cargo de sus cinco hijos y se trasladó en 1930 a Junín donde Eva cursó y terminó sus estudios primarios. Si bien ella pocas veces hizo referencia a su pasado, el testimonio de su hermana Erminda indica que la faceta artística de Evita se manifestó muy prontamente en su infancia, en sus juegos de disfraces y luego en la participación en obras de teatro escolares.

Con tan solo quince años Eva entendió que su vocación estaba en la actuación y que su destino estaba en otro lado: la ciudad de Buenos Aires. Fue con el propósito de iniciar su carrera como actriz que en 1935 emprendió rumbo a la capital del país. No fue sencillo para ella insertarse en el ambiente artístico porteño más allá de algunos contactos que pudiera tener. Paulatinamente fue consiguiendo trabajo en compañías teatrales, con contratos esporádicos que poco dinero le ofrecían. No dejó de audicionar a cuanta convocatoria pudiera, participó en películas con papeles secundarios y finalmente fue protagónica en radioteatro. En 1943 fue la actriz principal de una serie de radioteatro basada en biografías de mujeres ilustres.

Los años 1943 y 1944 fueron años clave en la vida de Eva Duarte. La historiadora Marysa Navarro sostiene que para entonces Evita era ya una actriz de cierto renombre y el historiador Loris Zanatta destaca que la Eva de estos años era una joven con una independencia no menor que se había abierto camino, con pocos recursos, en un mundo de relaciones al que no era sencillo ingresar. En 1943 había firmado uno de sus mejores contratos de teatro radial y ese mismo año fundó, con otrxs compañerxs, la primera organización gremial de actores de radioteatro. El año 1944, por otro lado, fue el momento bisagra en su vida puesto que se produjo el encuentro con el entonces secretario de Trabajo y Previsión Juan Domingo Perón.

Aquel acontecimiento se dio en una Argentina de fuertes vínculos entre el mundo político y el mundo artístico que surgió luego del golpe de 1943. Lo cierto es que el encuentro se produjo en el marco de los eventos benéficos organizados por dicha Secretaría para socorrer a las víctimas de un terremoto que había azotado a la provincia de San Juan. Actores y actrices participaron de esos proyectos y como resultado Perón y Evita entrecruzaron sus destinos y comenzaron una relación. Una relación que en muy poco tiempo haría de Eva una figura clave de la política nacional.

El período que siguió hasta las elecciones de 1946 fue para ella un momento de formación y de inserción en la cuestión política: fue dejando la actuación mientras asistía a las reuniones de Perón donde se nutría de las discusiones políticas que éste daba para luego involucrarse activamente en la campaña electoral. En 1946, en una elección histórica, Perón se convirtió en presidente de la Argentina y, contra todos los pronósticos, Evita se volcó de lleno a la actividad política para acompañar -sin dejar de hacer sus propios aportes- las reformas sociales que atravesaría el país en los años siguientes.

Entre sus principales contribuciones se encuentran los programas de asistencia social promovidos desde la Fundación Eva Perón y el impulso a la sanción de la Ley de sufragio femenino. Si bien la aprobación de esta ley no fue autoría de Evita, dado que el movimiento sufragista en la Argentina contaba con varias décadas de trayectoria y el debate por los derechos políticos de la mujer era parte de la agenda pública, ella se ocupó de militar activamente el voto femenino, visibilizando las desigualdades y los prejuicios para con las mujeres y planteado la necesidad de la participación femenina en la vida política. Y Eva no era justamente una figura menor, su voz, como compañera de Perón, era una voz pública. La ley finalmente se sancionó en 1947 y se puso en práctica en el año 1951.

Su mayor obra se encuentra sin dudas en los programas de asistencia. Desde 1946 Eva no cesó de intervenir en el campo social con actividades de ayuda para los sectores más vulnerables y en 1948 creó la Fundación Eva Perón desde donde pudo elaborar programas formales de asistencia social que acompañaban las políticas distributivas que el gobierno estaba implementando. La Fundación encarnó una serie de funciones que iban desde el otorgamiento de subsidios y pensiones, la construcción de viviendas, hospitales y escuelas pasando por programas de fomento al turismo y al deporte y hasta por la creación de la carrera de enfermería. Los destinatarios de este paquete asistencial fueron los sectores populares, principalmente las mujeres, lxs niñxs y ancianxs. Desde la Fundación, Evita generó aquel vinculo tan especial con la gente, no solo por la ayuda sino por el contacto estrecho que ella misma se encargó de garantizar recibiendo presencialmente a quien la necesitara y respondiendo correspondencia a quien le escribiera.

Eva Duarte murió de cáncer en el año 1952. Más allá de las formas, una de las “críticas” más recurrentes que se le hace, dejó un enorme legado. De “mujer de” pasó a ser impulsora del proceso de ampliación de derechos que atravesó el país a mediados de siglo, una muestra de ello se encuentra en los alcances del programa de la Fundación Eva Perón, pero también en el mayor acercamiento femenino a la política. Su rol sentó un precedente de lo que las mujeres podían lograr desde la política y fue el puntapié para que muchas de ellas se acercaran a espacios partidarios o asociacionistas y continuaran luchando, aún habiendo conseguido el sufragio, por una Argentina más justa, popular y feminista.

Para la elaboración de este artículo se tomó como referencia principalmente el libro “Evita” de Marysa Navarro.

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