#MujeresSindicalistas | Las mujeres sindicalistas muchas veces no están “en la foto”, al menos en las que circulan en redes sociales y medios hegemónicos, pero sin dudas están y no desde hace poco tiempo, en el día a día de la vida gremial, son parte, se organizan, luchan y conquistan lugares de decisión y conducción, aún contra todas las barreras existentes y siempre junto a la potencia colectiva de otras mujeres y disidencias. En esta sección charlaremos con mujeres sindicalistas -de la ciudad y el país- para conocer sus historias, cómo se ensamblan sindicalismo y feminismo, cómo recuperar el poder adquisitivo de los y las laburantes, cuáles son los desafíos para la unidad y la construcción de un programa propio del movimiento de trabajadoras y trabajadores.
Silvana Crocci es la Pro-Secretaria General del Sindicato de Empleados de Comercio (AEC) de Rosario. Nacida en el barrio Arroyito de la ciudad, comenzó a trabajar desde muy joven y se involucró en la militancia sindical convencida de que el sindicato es la vida de un trabajador, “la organización en sí y toda la función social que le permite acceder a derechos fundamentales”. Madre de una joven de 15 años asegura que aprende de su hija y las luchas feministas actuales; convencida del poder de fuego del movimiento obrero unido, señala que mientras no haya decisión política para controlar a los generadores de precios, no hay bolsillo que aguante.
–¿Cómo fue tu infancia?
-Tengo 48 años, crecí con mi mamá, mi papá falleció cuando tenía 1 año, y un hermano más grande que falleció hace 28 años por una enfermedad terminal. Mi mamá se casó con un tipo violento y finalmente pudimos irnos de casa y volvimos cuando él ya no estaba más. Crecimos mucho con mis abuelos, mi abuelo era militante radical, nació en 1905 y era trabajador ferroviario, siempre lo vi como muy militante, más allá de estar de acuerdo o no con todas sus ideas, iba casa por casa hablando con la gente. Tanto por él como por mi mamá aprendí a no ser ajena a lo que le pasa a los demás.
-¿Cuándo comenzó tu etapa laboral y cómo te sumaste a la militancia gremial?
-Empecé a laburar en quinto año de secundaria y terminé el colegio a la noche. Arranqué en una fábrica, no estaba registrada ni nada, iba y volvía llorando pero no quería que mi mamá me viera porque sabía que me iba a decir que no vaya más y lo necesitábamos. Después trabajé en una ferretería un tiempo como empleada de comercio, trabajé en una fotocopiadora, y a los 19 años empecé a trabajar en el sindicato por reemplazo de una compañera embarazada, y desde entonces estoy acá. Laburé de cajera en la proveeduría, en contaduría, en liquidación de sueldos. Y con el tiempo decidimos armar una agrupación porque entendíamos que acá estaba todo decantado, nos presentamos y este es el segundo mandato y vamos a ir por otro.

-¿Cómo es la participación sindical para una mujer?
-Actualmente tenemos el cupo cubierto. La dinámica cotidiana es difícil porque son muchas cosas, compañeras que trabajan mucho, tienen el estudio, la casa, queremos que se sumen cada vez más. Estamos organizando la capacitación de la Ley Micaela, armamos charlas con invitadas y apostamos a que se sumen mujeres y varones, porque ellos se tienen que comprometer. En los congresos se ven todos hombres, no hay dudas, acá particularmente somos muchas mujeres en sí, no es lo mismo en otros gremios. Hay que desandar caminos y deconstruir permanentemente, y con la certeza de que no volvemos para atrás, la paridad hay que pelearla y lo mismo con los protocolos de violencia de género.
-¿Qué importancia tiene la vida gremial para un trabajador/ra?
-El sindicato no es solo para que la gente venga a la organización, es todo lo social, tenemos 4000 personas por día transitando acá, por la proveeduría, en servicios de salud, teatro, cursos de formación, un comedor con menús de 130 pesos, farmacia, enviamos a domicilio. Es decir, la función social es muy importante, con la mutual Amecro tenemos más de 30 mil socios, y todo esto lo sostenemos además porque sabemos que el salario no alcanza, con una inflación del 3 o 4 por ciento mensual no hay salario que resista. A través de los diferentes servicios, se suman biblioteca para libros de estudio, descuentos en medicamentos, enseñanza de idiomas, apoyo escolar, entrega de útiles escolares, se construye una manera de que el salario te rinda un poco más porque son cuestiones de las que no se pueden prescindir. La mayoría de los y las trabajadoras no tiene vivienda, el tema del alquiler hace imposible que puedan alquilar y vivir dignamente, la discusión de fondo es si laburamos para comer solamente.
-¿Cuáles son los desafíos para recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras?
-Esta delegación no forma parte de la paritaria, entendemos que si desde el gobierno nacional no generan una política de control de precios no se puede avanzar. La discusión que venimos planteando es cuánto cobran y a cuánto venden los supermercados, esta discusión se tiene que dar porque estos tipos compran, son productores, y si ellos te venden azúcar con un aumento del 40 por ciento no hay paritaria que resista. Es algo que tiene que plantear el gobierno nacional, no pueden remarcar más del 6-7 por ciento como en cualquier país pero acá tenes subas del 40 y 100 por ciento en algunas cosas. Además hablamos de un solo dueño que tiene muchas marcas y tienen negocios financieros, si no controlás esto no hay paritaria que resista, por eso sostenemos que el Estado tiene que intervenir, es decisión política. Los trabajadores siempre perdemos. Tenemos restaurantes, clubes, una proveeduría en los barrios, porque los empleados de comercio no pueden salir a comer afuera, no llegan, así que al menos pueden disfrutar ese derecho en el restaurante del sindicato.

-¿Cuáles son las principales demandas?
-Marcamos un antes y un después con la lucha por el descanso dominical, para recuperar ese derecho, y aunque te dicen que nunca es momento para que los trabajadores recuperemos derechos, porque siempre hay una excusa, seguimos igual. Replanteamos la cuestión del decreto de Domingo Cavallo que en el gobierno menemista nos sacó este derecho de Comercio (Se refiere al decreto 2284/91 que en su artículo 18 elimina ‘toda restricción de horarios y días de trabajo en la prestación de servicios de venta, empaque, expedición, administración y otras actividades comerciales afines’). Hablamos con los compañeros para generar conciencia de este derecho, y ni hablar lo que representa para las mujeres y sus dobles tareas, el único día que podés estar en tu casa tenés que laburar afuera también. Lo mismo en pandemia con la esencialidad de los comercios, en esta sociedad capitalista y de consumo hay derechos que no se negocian, porque quieras ir un domingo a comprar yerba, no podemos quitarle derechos a los empleados de comercio, que deberían tener los mismos derechos que los funcionarios y empleados de servicios públicos. Fue una discusión muy árdua, hubo gente que acompañó, nos juntamos con otros actores como empresarios locales, porque esto tiene que ver principalmente con las multinacionales que desde que llegaron terminaron perjudicando al comercio local, por eso hay que estar los trabajadores, los empresarios y comunidad en general juntos en esto. En su momento presentamos un proyecto en Diputados de la provincia, pasó por Senadores, se aprobó, estuvimos más de un año con los comercios cerrando el domingo y no pasó nada grave, es una discusión que se instaló y hasta llegó a la Nación, pero las grandes corporaciones de supermercados consiguen siempre fallos a su favor.
Antes no trabajábamos 48hs semanales, es algo que también se impuso en el marco de la desregulación de la economía y las relaciones laborales en los ‘90.
En el macrismo se perdieron 3500 puestos de trabajo y en lo que va de la pandemia 1500, tenemos conflictos muy significativos como lo de Falabella con mayoría de trabajadoras mujeres. Les pagaron un retiro voluntario pero la mayoría de las personas trabajadoras tenía mucha antigüedad, hace poco hicimos una gestión en el Ministerio de Trabajo para otorgarles un fondo de desempleo por jubilación. Algunos de esos trabajadores y trabajadoras están tratando de incorporarse al mundo del trabajo o comenzando emprendimientos personales, es muy difícil, hablamos de unos 170 trabajadores y en la situación en la que está el centro de Rosario con un montón de locales vacíos en alquiler.
El otro conflicto clave es el de Garbarino, otro negocio financiero increíble. Se sumó en pandemia el del Call Center Hey Latam, donde participamos en la instancia judicial con Trabajo, después en asamblea terminan decidiendo otra negociación. Otra situación es el teletrabajo como modalidad que quiere imponerse y no estamos de acuerdo, queremos que se vuelva a la presencialidad porque así no tenés contacto con el resto y a la patronal le encanta eso, no tenes discusión con los compañeros, te aíslan, sumado a que te descuentan de internet si se te corta la luz, no te pagan por las condiciones de trabajo básicas y en el caso de las madres con hijos/as, viven en un lugar chico, tienen que hacerse cargo de criar, de sobrellevar tareas escolares, de las tareas domésticas, se vuelve insoportable todo.
Y sumo la situación de las plataformas de reparto, hicimos una presentación en el Concejo pidiendo su regulación, tuvimos una carpa durante ocho meses en una plaza para ofrecer comidas, baños, atención básica a quienes trabajan en la calle. Cuando Pedidos Ya viene a Rosario inscribe a 60 trabajadores, y por medio de la elección de delegados pudimos vincularnos con los trabajadores para tratar de que estén todos bajo Convenio. Lo cierto es que estas multinacionales vienen con una app, sacan la guita afuera, hacen lo que quieren. No tienen oficina, los trabajadores no tienen seguro, lugar para ir al baño, cargar celulares, tomar café, no tienen aportes, no pagan impuestos como cualquier comercio local.

-¿Cómo ves el presente y futuro de la unidad del movimiento de trabajadoras y trabajadores? ¿Qué rol tienen que tener las mujeres sindicalistas?
-Que el movimiento obrero esté unido es fundamental. Si se convoca a un paro el país se para. Lo que genera el movimiento obrero en Argentina es único y es lo que se quiere destruir, hay cosas que tenemos que cambiar pero pese a todo, nuestra fuerza como movimiento es enorme.





