Las que nunca dejan de parar la olla

Las que nunca dejan de parar la olla

El Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio que rige desde el 20 de marzo en nuestro país recrudece la situación de lxs que menos tienen, por la falta de empleo o bien por la imposibilidad de salir a trabajar de manera habitual en el día a día. En este marco, los comedores comunitarios cumplen un rol importante otorgando viandas y bolsones de comida. Gran cantidad de ellos son organizados y sostenidos por mujeres que además de ponerse al hombro las cocinas de sus hogares llevan adelante también las de sus barrios. Como sujetas políticas en el espacio público y comunitario sus actividades van desde la demanda al Estado para la gestión de los mismos, como así también la organización de la cocina y la distribución de los alimentos.

Las mujeres han resignificado los lugares que la sociedad tradicional les ha asignado, dando entidad a nuevos espacios donde se pueda incluir su voz, se construyen nuevos tipos de ciudadanía y de igualdad. Según plantea la socióloga consultora en equidad de género, Alejandra Massolo: “Las mujeres se vinculan a los asuntos de interés público y establecen relaciones de fuerza y presión con los poderes locales; demandan y gestionan recursos; protestan, negocian y ejercen influencia; contribuyen al mejoramiento de las condiciones de vida y al desarrollo local; adquieren habilidades de ciudadanas competentes; logran autoestima y prestigio social; adquieren poder de liderazgo; representan un eficaz patrón de participación en la vida política local”.

Es por ello que desde Reveladas charlamos con algunas mujeres responsables de estas actividades en los barrios de Rosario para que nos cuenten acerca de cómo viven esta realidad.

La demanda que crece día a día

Las diferentes referentas de organizaciones de ayuda comunitaria afirman que la demanda de alimentos aumentó en el marco de la cuarentena y muchas veces no llegan a cubrirla. “Es horrible decir: no tengo más comida o leche para dar”, expresa Bárbara López González, coordinadora de Barrios de Pie – Libres del Sur, integrante del merendero Pokeniños. Además, agrega: “Hay mucha gente en situación de calle. En la esquina de mi casa hay una fábrica que compra cartón y diario, viene mucha gente, decían que no comían desde hace días. La verdad es muy triste la situación que estamos pasando, más ahora con el Covid-19 y también los casos de dengue, nunca vinieron a fumigar y estamos en una zona complicada, a metros del puerto”.

Sobre ello, Débora Salinas, responsable territorial del Movimiento Evita y coordinadora de comedor Rincón del Sur, señala: “Nosotrxs hace dos años que estamos con el comedor y merendero en Puente Gallego y Piamonte, siempre tuvimos entre 200 y 250 personas. Hoy son 400 porciones y aumentan a medida que pasan los días, la verdad es que no damos abasto”

Al respecto, Georgina Mansilla, referenta del Frente de Géneros de La Poderosa en barrios Los Pumitas y La Cariñosa, cuenta: “La demanda en nuestros comedores aumenta por la falta de trabajo y, más aún, en este contexto. Nosotrxs como organización venimos tejiendo redes de vecinos y vecinas, también desde el rol que cumple nuestro feminismo, como mujeres somos siempre las que terminamos cubriendo las tareas de cuidado y también parando las ollas de los comedores. En este contexto que estamos viviendo la pandemia no solamente afecta nuestra salud, sino también saca a la luz un montón de problemas estructurales que venimos atravesando hace muchos años, como la falta de organización y derechos básicos que aseguren una vida digna”.

Las donaciones no alcanzan y muchas veces la mercadería que reciben por parte del Estado no es lo suficientemente variada o no llega a tiempo. Respecto a este tema, Débora relata: “Nos abastecen lo justo y necesario, no es mala predisposición pero con lo que estamos viviendo hoy, la gente al no poder changuear no tiene plata y eso hace que los comedores y merenderos comunitarios no demos abasto. También recibimos donaciones de particulares, personas humildes como nosotrxs, nos damos una mano entre todos”. A eso se le suma la venta de rosquitas, tortas fritas y asadas a 100 pesos la docena para recaudar dinero y seguir ayudando.

Por otra parte, Bárbara comenta: “Provincia y municipio no entregan mercadería en tiempo y forma y si la entregan es de muy mala calidad y nada de variedad. Por ejemplo, el otro día nos mandaron camiones de choclo cremoso. Estamos dando aproximadamente entre 150 raciones para el merendero, recibimos ayuda de Barrios de Pie, también hacemos ollas populares con el programa que se llama “El pueblo Se Organiza”, donde charlamos con vecinxs del barrio y todxs juntxs tratamos de colaborar con alimentos para llevarlas a cabo”.

En este marco, las donaciones son fundamentales, Georgina afirma: “La demanda de nuestros comedores ha aumentado, se triplicaron las raciones, estamos entregando alrededor de 900 por semana. A nuestros comedores los venimos sosteniendo a través de las campañas de donación a nivel nacional, además formamos parte de un convenio de donaciones particulares. También tenemos un acuerdo con el Banco de Alimentos y un subsidio municipal. Muchas familias de nuestros barrios no cuentan con un trabajo formal. El ‘quedarte en casa’ es muy difícil de sobrellevar cuando no podes salir a traer el plato de comida como lo hacías habitualmente”.

Sin lavandina no hay tapabocas que funcione

El decreto de aislamiento obligatorio prohíbe la acumulación de personas, exige distanciamiento, lavarse las manos regularmente y el uso del tapabocas. En los barrios más vulnerables muchas veces se dificulta cumplir todas estas reglas ya que no están cubiertas las necesidades básicas. En este marco Bárbara cuenta: “Hay muchos que nos señalan por estar afuera repartiendo comida o por las colas que se arman donde no se cumple el distanciamiento social, pero nosotrxs tomamos precauciones: regalamos tapabocas y un jabón antibacterial que elaboramos”

En Los Pumitas la situación es bastante similar: “La verdad que acá en el barrio se dificulta un montón ese tema en el momento de las filas para el comedor, además muchas familias no cuentan con barbijo, porque la única ropa que tienen no la van a estar haciendo barbijo” subraya Georgina.  

Los relatos y las ganas de ayudar emocionan. Las retribuciones se expresan en un lenguaje universal: el amor por el otrx y vuelven triplicadas. “Es como una terapia, el ayudar te reconforta”, así lo expresó Débora. “Estamos muy mal, pero tenemos esperanza, todos los días nos levantamos y mangueamos casa por casa para poder sostener esto, sabemos que es incierto, pero tenemos fe que podemos y que ayudar es lo que más queremos”, comenta.

Bárbara, expresa: “Es un laburo enorme y demandante, dejamos mucho de lado, aunque nos lleva muchísimo tiempo, pero es gratificante más que nada para el alma. Si uno no ayuda o trata de dar una mano, esto se viene más abajo de lo que está”.

En esta línea Georgina también cuenta: “Me cambió la vida por completo, la forma de ver a mi vecina, yo estoy más en la parte de género, pero termino un poco involucrada en todo, porque soy vecina del barrio y la realidad que vivimos es fuerte y creo que la salida es colectiva tejiendo redes de vecinos y vecinas para poder salir adelante y poder hablar y contar con voz propia lo que nos pasa”.

Para hacer donaciones de productos de higiene y/o alimentos pueden comunicarse a los siguientes números:

*Débora Salinas: tel. 3416741861

*Bárbara López González: tel. 3416372036

*Georgina Mansilla: tel. 3416562268

Foto portada gentileza La Poderosa


Paula A. Pasinato

Paula A. Pasinato

Técnica Superior en Periodismo. (@paulaapasinato)

2 comentarios en «Las que nunca dejan de parar la olla»

Los comentarios están cerrados.