TraVajo es vida

TraVajo es vida

Por Morena García*

En una decisión histórica, a través del decreto 721/2020 firmado por el presidente Alberto Fernández, se estableció que el sector público deberá contar con un 1 por ciento de representación trans, travesti y transgénero. En clara consonancia, en Santa Fe se reglamentó el Cupo que fue aprobado en la Legislatura el 31 de octubre del 2019.

El Cupo Laboral no solo es una política pública de género sino que además es una herramienta de reparación, que busca achicar la brecha de la exclusión histórica a la que fuimos sometidxs, porque somos sujetxs de derechos. El impacto colectivo y subjetivo que tiene esta decisión de clara voluntad política, en un contexto de pandemia, es impresionante: plantea que existe una demanda colectiva y social de políticas específicas para nuestro colectivo y que existe un Estado que está dispuesto a recoger ese reclamo y transformarlo en derecho.

¿Qué implica el cupo en sí mismo? ¿Es necesario? ¿Cómo llega la comunidad travesti/trans a estar en una situación de vulnerabilidad que no les permite en su mayoría sobrevivir la expectativa de vida de 38 años?

Históricamente nosotrxs hemos sido lo que la sociedad no quería ver y si lo veía era de modo prejuicioso y condenatorio. Nosotrxs siempre estuvimos asociadas a la noche y por ende al trabajo sexual que para la moralina social implicaba automáticamente ser unx delincuente. Para nuestras familias, la vergüenza y la parte amputable de su organismo “de normalidad”.

En el imaginario social la persona trans no figuraba ocupando empleos estables y con salarios dignos o teniendo acceso a estudios universitarios. Al contrario, a las mujeres trans por ejemplo se nos encasillaba destinadas al trabajo sexual, niñeras o peluqueras en su gran mayoría. Y si bien es verdad que gran parte de las travestis/trans nos hemos sostenido con esas actividades, la realidad es que la gran condena social y la discriminación laboral nos puso en esos nichos de trabajo. Esto sumado a la gran tasa de deserción escolar a causa del rechazo y la segregación a la que éramos expuestas, nos volvía prácticamente parias sociales. Un sistema de salud sin perspectiva de género en cuanto a nuestras corporalidades era el golpe de gracia que no necesitábamos para terminar muriendo tan jóvenes.

El Cupo es básicamente una política de discriminación positiva que intenta quitarle el mote de sujetx de peligrosidad al que estaba anclado la identidad travesti/trans, que amplia derechos y que dignifica, porque lo que la mayoría puede tener como una obra social, la posibilidad de alquilar o sacar un crédito o tener un ingreso fijo o dinero en una cuenta y poder disponer de él, para nosotras hasta ahora era impensable.

Muchas de nosotras estamos preparadas, nos hemos formado. Muchas de nosotras sin embargo no pudimos hacerlo por lo mencionado anteriormente. Pero casi todas no pudimos acceder a un empleo formal por razones de discriminación o transodio. Muchas de las nuestras quedaron en el camino soñando con este horizonte posible que hoy empieza a vislumbrarse. Y en este camino, la ley es una herramienta más, un resguardo a conquistar, que no invalida, sino que por el contrario se sostiene, con la lucha y la organización de la comunidad travesti/trans y el apoyo de aquellxs que sienten y entienden que no es necesario ser la causa para apoyar la causa.

En esta serie de logros que conseguimos no queremos dejar de destacar también el Cupo Travesti/Trans Alejandra González que se aprobó en la Universidad Nacional de Rosario. Inspirado en nuestra compañera que formaba parte del cuerpo no docente de la facultad de Bioquímica de Rosario. En su nombre está el Cupo y en él, su espíritu.

Es cierto que Santa fe y Buenos Aires no son la Argentina, es cierto que la violencia institucional y las discriminaciones variopintas a las que son sometidas nuestrxs hermanxs en todo el país se sienten más a medida que te alejas de estos centros. Pero también es cierto que hay una conciencia travesti/trans que es histórica. Que estuvo reclamando durante la dictadura y en la primavera democrática cuando desaparecían o eran llevadas a las comisarias o pozos para someterlas a todo tipo de vejaciones. Esa conciencia colectiva siempre estuvo y hoy se vuelve bandera que no solo nos agrupa a nosotrxs sino que la sociedad comienza a ser interpelada, comprenden que nosotrxs somos sus hijxs, es la misma conciencia travesti la que exige que no se diseñen políticas para nosotrxs sin nosotrxs.

Se siente reconfortante mirar este horizonte posible, donde se empieza a remendar el entramado social que nos teje adentro. Estamos atentxs, discutiendo todo, para que el traVajo sea un derecho más en la lista de logros, estaremos expectante con nuestro cuerpo como trinchera y la sangre de las nuestras como bandera.

*La autora de la nota es militante, travesti, escritora.

Foto portada gentileza Celina Mondelli

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