Periodismo popular y feminista

Educación

Rebeldes con causa: las secundarias del deseo y la política

El feminismo es transformador y como tal construye futuro, busca transformarlo todo por lxs de hoy y por lxs que vendrán.

Esta característica de un movimiento tan diverso y dinámico cobra fuerza con la irrupción en nuestro país de una oleada de jóvenes que crece en organización y participación en las calles, colmando de glitter cada espacio, porque la revolución se hace con libertad, deseo y mucha sororidad.

Se trata de lo que la periodista feminista Luciana Peker llamó “la revolución de las hijas” para referirse al protagonismo creciente de adolescentes en la marea verde que llegó para transformar la sociedad toda y que no va a parar hasta que el aborto sea legal. Es decir, de las pibas que sin llegar a los 20 años colman las asambleas feministas, conducen sus centros de estudiantes, reclaman por educación sexual, tiñen de verde ropas, caras, mochilas, y que son hijas porque tienen a generaciones anteriores de madres y abuelas que han construido por décadas las bases de organización y lucha que -por ejemplo- permitieron que tras siete presentaciones, el Congreso abriera sus puertas al debate por el derecho a la autonomía de mujeres y disidencias.

En esta lucha -que es profundamente colectiva- se inscribe la historia de Luna, joven que a sus 18 años y tras una militancia que empezó hace más de cinco años, es la actual presidenta del centro de estudiantes del Instituto Politécnico Superior de Rosario.

Luna Garat nació en Rosario en el 2000, en un tiempo histórico en el que cientos de mujeres paraban la olla en los barrios de todo el país para paliar y frenar el hambre que vivía nuestro pueblo tras años de políticas neoliberales de ajuste, desempleo y endeudamiento. Las mismas con las que hoy se encuentra en las calles en un cruce generacional y transversal que solo el feminismo puede lograr.

La joven que tiene a su cargo el centro de estudiantes de una de las secundarias más grandes y emblemáticas de la ciudad se vinculó a la política desde pequeña, ya que su familia está atravesada por la lucha por Memoria, Verdad y Justicia. “Mi papá y mi tía militaron en Hijos mucho tiempo, en tanto que mi mamá es de Paraná y vino a Rosario a estudiar Ciencia Política donde empezó a militar también”, cuenta sobre sus raíces.

Es así que apenas comenzó el secundario se interesó por conocer qué es, qué hace y cómo participar del centro de estudiantes. “Cuando entré en el secundario me propuse y fui elegida como delegada del curso, en segundo año también y así los demás años, luego también estuve a cargo de la secretaría de Cultura del centro”, dice Luna para quien la vida activa dentro de la institución educativa es condición necesaria de todx estudiante.

En paralelo a dicha participación Luna se acercó a la militancia en una organización política, sobre ello describe: “Fue como la búsqueda de dar un salto, si bien seguí militando en el centro de estudiantes empecé a hacerlo en una agrupación política, la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) del Movimiento Evita, en junio de 2015”.

Y dice que fue escuchar las palabras de la ex presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, lo que la motivó: “En un momento en el discurso de Cristina del 20 de junio en la ciudad comencé a pensar mucho más en la necesidad de comprometerme desde otro lado, se venían las elecciones presidenciales también, así que me decidí y me acerqué a un compañero y le dije que me quería sumar a militar. Así empecé a ir a reuniones, a ver qué era la política, qué era militar un candidato, lo que fue muy fuerte porque era no solo quedarme con mi idea sino salir y tratar de convencer a gente de que tenía que venir por este camino”.

Ph Facebook Unión de Estudiantes Secundarios (UES)

Las pibas se hacen escuchar

“Desde que entré al secundario siempre me interesó ser delegada, es decir, poder escuchar y estar en ese punto medio de conciliar entre el centro de estudiantes y mi curso, escuchar qué propone el centro, qué opinan lxs pibxs o si hay demandas cómo trasladarlas. Terminé ocupando luego otros cargos en el centro hasta llegar ahora, que soy presidenta. Fue un camino de muchas idas y venidas en los que aprendí sobre todo del construir colectivo”, cuenta Luna sobre su recorrido como dirigente estudiantil.

En ese camino de escuchar, aprender y proponer que menciona como parte del construir cotidiano del centro de estudiantes, la joven trae a colación la masiva movilización del Ni Una Menos en 2015.

“Creo que la agenda en el secundario se modifica con lo que fue en Argentina el Ni Una Menos, hay un cambio de paradigma, de empezar a discutir cosas en clave feminista. Por ejemplo en mi escuela que es técnica y con una formación muy machista, cada día somos más las mujeres que pensamos que esos lugares no son naturalmente de varones. Las políticas más fuertes que llevamos desde los centros de estudiantes también tienen que ver con la agenda feminista”, dice la militante.

La asamblea feminista de la ciudad evidencia este pensar y hacer en clave feminista de las adolescentes cuya participación ha ido creciendo masivamente en los debates, en el armado de actividades y en las definiciones políticas al respecto. En las escuelas, en las calles, en las asambleas y en las casas las pibas debaten, proponen y no están dispuestas a dar marcha atrás en la lucha por sus derechos.

El mundo adulto y las instituciones educativas en particular, evidencian respuestas que van mucho más lento que las que lxs pibxs necesitan, falta de herramientas y sobre todo resistencias ante lo que pone en tela de juicio lo instituido son moneda corriente en el desafío de construir escuelas que apuesten a la igualdad de derechos, a la educación sexual integral, a la diversidad.

“Todavía no hay una respuesta que verdaderamente pueda ser adecuada a las demandas que tenemos las secundarias. La escuela es un espacio muy dinámico donde se pueden hacer un montón de cosas que no son necesariamente institucionales, y donde muchas veces lo que se hace desde el mundo adulto es atrasar cosas que nosotras ya pensamos”, describe la estudiante y señala “desde nuestro lado tampoco podemos dar todas las respuestas porque somos justamente estudiantes pero buscamos las formas de que ciertas cosas se puedan construir. Por ejemplo empezamos con el espacio de las promotoras de género, con un rol de en algún punto mediar, porque no somos la escuela y no podemos hacer más. Pero sí nos interesa generar espacios donde las pibas estén cómodas y marcar también cosas a los pibes. Hicimos charlas entre compañeros de deconstrucción, y todo lo hacemos porque no hay una respuesta del Estado”.

Respecto del cuidado entre las estudiantes, son notables las redes y formas sororas que las secundarias encuentran para acompañarse, sentirse contenidas, escucharse. Al tiempo que también plantean como desafío y en un camino que busca alejarse del punitivismo, la necesidad de pensar qué acciones tomar para con los varones. Ante ello Luna es contundente al marcar: “El escrache es un boom, pero creo que tenemos la responsabilidad política como juventud y por ser la revolución de las hijas de pensar que el escrache no quede solo en eso. Estoy hablando sobre todo cuando se dan situaciones entre pares. Me gusta mucho pensar en Rita Segato y esto que ella dice de diferenciar si es escrache o linchamiento. Creo que es algo importante que tenemos que pensar, para que no quede solo como un escrache y que se convierta en una política para transformar. Hay que tener mucho respeto con el recorrido que quiere hacer la compañera sobre todo”.

En este marco las demandas hacia el mundo de la instituciones educativas son claras: “Es fundamental que se pongan a la altura de lo que está pasando, estamos dando un salto que es gigante pero no hay una buena respuesta institucional a lo que reclamamos. Un ejemplo tangible en el ‘Poli’ es el cambio en el reglamento de vestimenta que se hizo el año pasado reformando el reglamento de convivencia, es algo que demandábamos porque vamos a una escuela en la que estamos casi todo el día y no hay ventiladores, no hay aires, y nos obligaban a ir en pantalón largo en épocas de mucho calor, lo que además afecta lo académico porque es muy difícil prestar atención a la clase. Hicimos actividades sobre eso, presentamos proyectos, fue un salto porque pudimos generar una respuesta ante una necesidad del estudiantado”.

Una de las demandas que lxs secundarixs levantan como bandera de batalla es la plena implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas: “Sigue siendo una lucha constante para que se hable en las aulas, no hay una respuesta institucional que lo avale, y no tiene que ver solo con la escuela sino que no hay una respuesta del Estado para que la ESI se implemente, pasa en las nacionales y en las provinciales. Es una lucha que estamos pensando todo el tiempo en cómo implementarla, porque si el Estado no se hace cargo es muy difícil”.

Otro aspecto clave es la demanda por protocolos para accionar ante situaciones de violencia de género en las instituciones, lo que muchas veces queda librado a la propia organización de las pibas. En el caso del Politécnico por pertenecer a la Universidad Nacional de Rosario (UNR), rige el protocolo de toda la UNR, aprobado en el 2018. Su implementación está a la espera de que se concurse el cargo de responsable de área.

Luna Garat- Ph Agustina De Simone

El deseo como derecho

No nos callamos más y estamos para nosotras son consignas que se escriben en pancartas pero que sobre todo se traman en luchas comunes por vivir digna y libremente: “Hay un cambio en el vínculo entre pares en nuestra generación que dice no vamos a tolerar más ciertas prácticas. Este año desde el Centro empezamos a implementar que el 50 por ciento de las delegadas de curso sean mujeres ya que son dos personas por curso. Queremos tener más voz, queremos discutir sobre política. Hay un cambio de paradigma y tiene mucho que ver con el deseo, el deseo de hacer política, el deseo de que no nos juzguen, que pasa mucho en las escuelas técnicas en general, el tema de la apariencia”.

En Rosario las pibas quieren discutir política, votan y son votadas. No es casual que un gran número de los centros de estudiantes de secundarios están a cargo de mujeres: “Para mí es muy importante ser presidenta y creo que no es algo que se dio en el ‘Poli’ sino en muchas escuelas, en la Escuela Provincial de Danzas Nigelia Soria -por ejemplo- en 2018 fue elegida la primera presidenta mujer de toda la historia del Centro, tanto en escuelas del centro como de la periferia estamos haciendo un cambio, nos estamos haciendo ver, estamos accionando en la política, hay muchas compañeras que están participando y se están poniendo al hombro cosas, cada vez hay más pibas que se suman a esto”.

La revolución está en marcha, la rebelión feminista es una marea imparable y encuentra gran parte de su potencia en las secundarias: “Como secundarixs nos pasa que muchas veces nos creen muy chicxs para hacer política y creo que es peor siendo mujer secundaria, nos dicen que no estamos preparadas para discutir ciertas cosas y para hablar de placer, de deseo y ante eso nos rebelamos, decimos yo estoy acá y este es mi lugar, voy a hacer desde acá y esto es lo que deseo y así es como me visto, y nadie va a juzgar mis estudios, mi trabajo, porque haga tal cosa, es la principal rebelión que tenemos”.

Licenciada en Periodismo en Universidad Nacional de Rosario.