Precarización sobre dos ruedas

Precarización sobre dos ruedas

En el marco de la pandemia mundial decretada por Covid19 y ante las medidas sanitarias determinadas por el gobierno nacional para hacer frente a dicha coyuntura, gran parte de las actividades laborales cotidianas sufrieron cambios en su organización para garantizar la posibilidad de respetar el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio y así evitar la propagación masiva del virus en el corto plazo. 

No obstante para que un gran porcentaje de la población pueda quedarse en sus hogares fueron necesarias las llamadas actividades esenciales en la emergencia, entre ellas el “reparto a domicilio de alimentos, medicamentos, productos de higiene, de limpieza y otros insumos de necesidad”, según el decreto presidencial 297/2020. Las actividades de cadetería constituyen un rubro cuyxs trabajadorxs se desempeñan en un marco de precarización e informalidad desde antes de la pandemia y desde antes del arribo al país de las empresas extranjeras de delivery que -sin embargo- acentuaron dichas condiciones laborales sin que exista ninguna regulación al respecto. 

La crisis sanitaria y social que implica este fenómeno mundial impacta sobre la crisis económica vinculada al aumento de los despidos y el desempleo, la mayor precarización laboral, el ajuste salarial y la inflación arrastradas de los cuatro años de gestión macrista, pone de manifiesto desigualdades estructurales y desafía las políticas públicas para dar respuesta a ello. 

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), durante el segundo trimestre de 2020 la cantidad de horas trabajadas a nivel mundial disminuirá un 10,7 por ciento con respecto al cuarto trimestre de 2019, lo que representa una pérdida de 305 millones de empleos a tiempo completo. Al nivel nacional, los relevamientos de la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) para el mes de abril y del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) para el mes de marzo, indican que “el trabajo registrado se contrajo en la mayoría de sus modalidades, incluyendo el empleo asalariado en empresas privadas. Se contabilizaron 105 mil trabajadores registrados menos en relación al mes anterior por la contracción del empleo asalariado privado, que se redujo un 0,8 por ciento (-48 mil trabajadores) y el trabajo monotributista que cayó un 2,8 por ciento (-45 mil trabajadores)”. Por su parte según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) elaborada por el INDEC, el índice de empleo no registrado representa el 40 por ciento del mercado laboral.

Desde el 2016 pero aún más en este contexto, se observa la creciente expansión de las empresas de plataformas de reparto que en pandemia incrementaron considerablemente sus ingresos al desarrollar una tarea “esencial” pero cuya modalidad de funcionamiento no se encuentra regulada, lo que favorece el desarrollo de empleo precario, sin condiciones de estabilidad y seguridad, y contribuye al sostenimiento de una alta tasa de informalidad laboral.

Un informe pionero en materia de trabajo de plataformas en la Argentina realizado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), el Banco Interamericano de Desarrollo y la OIT, indica que en 2018 las plataformas digitales ya representaban el uno por ciento de la población ocupada en el país, con predominancia de la población joven, ya que “la edad promedio es de 38 años” y “si bien varía sustancialmente según la plataforma, los trabajadores cuentan en promedio con niveles de estudios elevados”, al tiempo que “apenas el 40 por ciento posee una obra social a raíz de su trabajo y un 55 por ciento tampoco realiza aportes jubilatorios”.

Voces protagonistas

Teniendo en cuenta la diversidad existente dentro del mundo de las plataformas, cabe aclarar que en esta nota se abordará, mediante la palabra de trabajadoras, las realidades de aquellas destinadas a apps de reparto por telefonía móvil con geolocalización presentes en la ciudad.

Libertad para manejar horarios, elección libre de los pedidos a realizar, trabajo flexible sin otrxs jefxs que unx mismx, ingresos rápidos, son algunas de las consignas con las que se presenta este trabajo. No obstante el día a día de lxs trabajadorxs muestra otra cara: un sistema de control y de castigos si no se cumple con la tarea asignada.

“Trabajo en una aplicación laboral en la cual se hacen repartos de pedidos, es una tercería, donde los locales contratan la empresa, entonces no tienen cadetes a su cargo y se hace la cadeteria sin pertenecer al local”, cuenta Viviana Bozikovic trabajadora de Pedidos Ya en Rosario. 

En la ciudad esta plataforma es la única que actualmente tiene trabajadorxs registradxs bajo convenio colectivo de Empleados de Comercio: “En un primer momento cuando la app llegó a la ciudad llegamos a ser 150 compañerxs registradxs, después empezaron solo a tomar freelance”, detalla Viviana que trabaja desde septiembre de 2018 en esta app. Y agrega sobre el funcionamiento cotidiano de su trabajo: “Hay que tener un teléfono propio y al descargar la app van cayendo los pedidos. El sistema tiene por un lado el registro de pedidos y por otro el registro de horarios y franco, que se establece una semana antes. También tenemos niveles que te califican en un ranking según el rendimiento: de 1 a 3 es bueno, 4 y 5 es de bajo rendimiento”.

Cuyén Perretta solía trabajar en Rappi para generar algunos ingresos extra, pero la cuarentena la dejó sin otra fuente laboral y el reparto se transformó en el único sustento económico. Sin vueltas asegura: “Es una trabajo horrible, es de los peores que tuve hasta ahora y eso que siempre trabajé en gastronomía”. Luego comenta: “Vos tenés la app prendida y cuantas más horas lo esté más subís de nivel y al tener mayor nivel más pedidos te llegan. Es salir a dar vueltas por la ciudad, no importa si hace frío o calor, por pedidos de 25/40 pesos y muchas veces ese es tu salario de la jornada laboral porque nos pagan por pedidos”. 

La joven de 21 años es estudiante de Historia -aunque no pudo continuar este año por el cursado virtual- y cuenta que “cuando arrancó la cuarentena mucha gente se anotó en las apps por los despidos y suspensiones, y eso genera una competencia también entre lxs mismxs trabajadorxs desesperadxs por un pedido. Es un trabajo de fácil acceso pero sin condiciones laborales, es lo que hay”. 

Viviana comenta que en Pedidos Ya “hay jornadas de 8 horas y de 4 horas que es la parte de la noche, pero no son tantos los que tienen doble horario. En pandemia aumentó bastante el trabajo por la mayor demanda”. Lxs trabajadorxs de esta plataforma ingresan con su mail y contraseña, una vez logueadxs en la zona de la ciudad asignada -si no están en dicha zona no es posible el ingreso- comienzan a recibir los pedidos. 

“Actualmente la plataforma tiene en la ciudad trabajadorxs registradxs y freelance -45 y 150 respectivamente-, lxs primerxs cobran un sueldo, están anotadxs como Empleados de Comercio y no tienen obligación de hacer una determinada cantidad de pedidos, pero en el caso de que no hagan el pedido la app les saca el encargo y lxs pausa media hora y eso se descuenta del sueldo después”, relata Viviana y asegura que “la pausa blanca es por ejemplo en caso de accidente o robo que como no es ‘culpa’ del cadete no se descuenta, y la pausa negra es por no retirar el pedido, si no te moviste del lugar de inicio o si hay problemas en cómo llega el pedido, y conlleva un descuento que no se sabe nunca cuánto es, lo define arbitrariamente la app”.

En el caso de lxs trabajadorxs freelance, “se cobra por pedido, por entrega y por kilometraje, y hay una categoría del 1 a 6, a medida que suben de categoría se les paga más por pedido, también está la obligación de elegir ciertos turnos por semana. Para cobrar tienen que tener monotributo y abrirse una cuenta en el banco, se cobra semanalmente los sábados. Además cada unx se paga un seguro de vida por accidentes y tienen que comprarse la ropa y mochila de trabajo”. 

Cuyén también tuvo que abrir una cuenta bancaria para poder cobrar los ingresos que genera por pedidos en Rappi: “Cada 15 días te depositan, yo salgo todos los días doble turno y no importa cuántas horas estás afuera siempre es mal pago, hago en promedio de 8 a 10 horas y nunca llego a algo digno”, asegura. También tuvo que comprarse toda la ropa y la caja para el trabajo: “Te metés a trabajar acá porque te quedaste sin laburo y necesitás un ingreso y te hacen comprar el combo de la mochila y casco, la campera, el pantalón. No me puedo comprar la ropa que quisiera para el día a día y acá hay que comprarles a ellos los elementos de trabajo”. 

Brenda Marinucci tiene 29 años y también pasó por la experiencia de trabajo en Rappi y, como Cuyén, dice que fue “la crisis laboral, de no conseguir trabajo en ningún lado, lo que me decidió a agarrar la bici y empezar a laburar de esto”. Sobre la rutina laboral cuenta: “Es básicamente descargarte la app y no hablar con nadie salvo por la plataforma, el clima laboral es feo en general por las condiciones que no son las que te prometen, te dicen que sos una colaboradora de la empresa pero no es así, ante cualquier situación problemática del día día del laburo no tenés a nadie que te brinde una respuesta, a tus compañerxs los ves en la calle y tenés algún contacto pero no terminás de vincularte y te generan una especie de competencia dentro de la misma modalidad de trabajo. Además te aparecen promociones de la misma app que te dicen ‘anotate a hacer tantos pedidos en una hora y gana tanta plata’, son cosas incumplibles y solo ponés en riesgo tu vida”. 

Viviana tiene 32 años, es abogada, y cuenta que tiempo atrás vio en esta modalidad de trabajo la posibilidad de un ingreso regular en un momento personal y laboral de dificultades. “No tenía bici ni sabía andar mucho en la calle pero me compré una playera y empecé”, recuerda y señala “tenía problemas de ingresos para subsistir y también atravesé situaciones de violencia y para salir la autonomía económica es clave”.

Sobre las principales demandas laborales indica “lo que se está reclamando es el registro de lxs freelance ya que son trabajadorxs precarizadxs, se pagan un monotributo ellxs mismxs, no tienen aportes, obra social, vacaciones. Además en el caso de quienes sí estamos registradxs aparecemos como Maestranza A que no es la categoría que corresponde tampoco”. Uno de los reclamos también tiene que ver con contar con un lugar cerrado para descanso con cocina y baños “porque hoy estamos distribuidos en la Plaza San Martín como base de logueo, en los días de lluvia hay que ir a la parte de afuera de la Maternidad Martin que tiene un techo para resguardo”. Y agrega “además se trabajó toda la pandemia y no hubo bono para nosotrxs”. 

En la misma línea Cuyén considera que “los dos ejes principales que remarcan lxs trabajadorxs en la calle es contar con ART y mejores condiciones salariales. También muchos nos estamos organizando porque queremos pase a planta con jornada laboral, sueldo fijo, derechos básicos, un sindicato que nos represente”. 

En el contexto de pandemia y en el marco de las medidas sanitarias y de aislamiento social, lxs cadetes siguieron trabajando para acercar lo indispensable sin que la mayoría de la población tenga que moverse de su domicilio, sin embargo nadie les garantizó las condiciones de protección para su propia salud: “No hubo ninguna medida de salud, hicimos un paro en la cuarentena por las medidas sanitarias porque la empresa te obliga a usar barbijo y alcohol en gel -que es necesario- pero te decía ‘hacete tu barbijo y traete tu alcohol’”, cuenta Cuyén. Lo mismo agrega Viviana: “A lxs registradxs el sindicato nos dio barbijo, guantes y alcohol, que es bastante aunque también se pedía un equipo más completo con chaquetilla y pantalón, pero lxs freelance tuvieron que hacerse cargo de sus propios elementos”. 

En la ciudad no hay oficinas legales conocidas donde lxs trabajadorxs puedan dirigirse a plantear situaciones, realizar consultas, solucionar problemas. “Acá no hay oficina de recursos humanos, en la app hay una parte que se llama soporte y ahí tenemos que dar ticket, que es donde hacés un relato de lo que pasó y te contestan, no sabemos desde donde”, detalla Viviana que indica que si bien a nivel local Pedidos Ya tiene un coordinador general que les realizó la entrevista para el trabajo y un lugar en una casa ubicada en Zeballos al 1300, “es para cosas específicas como buscar uniformes pero para nada más, no le conocemos la cara visible a los dueños ni a los que nos contestan”.

Idéntica situación describe Cuyén al referir que “no hay representante local de Rappi ni oficinas públicas. Hay un lugar de la app donde supuestamente podemos plantear cosas por mensajes pero generalmente no responden y hasta hubo casos de compañerxs atropelladxs que mandaban mensajes avisando que lxs chocaron y la respuesta era preguntar ‘cómo está el pedido’. Es un trabajo donde se está muy expuestx y la herramienta para hablar con la empresa no existe”. 

Según se conoció, en lo que va de la cuarentena ya son seis lxs trabajadorxs que murieron durante la jornada laboral. Este lunes 29 falleció en Córdoba un joven de 28 años que repartía para Pedidos Ya.

Ph Irina Bentevea

Trabajadoras: precarización y violencia machista 

De acuerdo al informe del Cippec anteriormente mencionado “casi 4 de cada 5 trabajadores de plataformas son hombres”, no obstante las dificultades económicas y la feminización de la pobreza de los últimos años, sumado a la falta de empleo en este contexto de pandemia y la necesidad de generar algún ingreso, fueron incorporando a más mujeres a la actividad. Según la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de la Nación, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) es recibido por más mujeres -un 57 por ciento- que varones, lo que evidencia mayores niveles de desempleo y precarización laboral. Al respecto Brenda evalúa que “con la llegada cada vez mayor de las aplicaciones se sumaron muchas mujeres a trabajar de cadetería de reparto. Antes no se veía a tantas mujeres en la calle, éramos las menos como las taxistas y colectiveras, pero estos últimos meses es posible encontrarse en la ciudad -por la necesidad y también porque manejar en sí ya no es cosa de hombres- con más compañeras”.

Sobre su experiencia en Pedidos Ya, Viviana cuenta: “Hoy somos 13 trabajadoras registradas y 10 freelance, mucho menos que los varones pero más que en otros momentos” y señala un factor a considerar “el tema es estar constantemente en la calle y los peligros que conlleva”. Para afrontar la violencia machista presente en todos los ámbitos de la sociedad y puntualmente en un trabajo que requiere estar en el espacio público muchas horas y en franjas nocturnas, las trabajadoras decidieron organizarse para cuidarse entre todas: “Todas las chicas formamos un grupo de Whatsapp para ir a zonas feas, nos acompañamos entre nosotras, nos cuidamos, es una red de cuidados ante la desprotección laboral y la realidad de las violencias cotidianas”. 

Similar situación comenta Cuyén: “Como estamos muy expuestas en la calle, en jornadas de 10 horas o más, formamos grupos de compañerxs de laburo que coordinamos para volvernos juntxs para que ninguna compañera llegue sola a la casa, porque el machismo también está presente en el acoso constante”. Y agrega en cuanto a la empresa que “si bien no te preguntan identidad u orientación sexual hay mucha discriminación para con lxs migrantes, hay casos conocidos donde les dicen ‘te bloqueamos la cuenta porque en este momento no queremos más venezolanxs trabajando’, como política de la empresa”. 

Viviana enfatiza “las compañeras mujeres estamos más expuestas por el peligro en la calle, nos encontramos en las plazas todos los días y son lugares que al caer la noche es difícil, ha habido muchos casos de robos, acoso y hostigamiento. Si bien nos ponemos al hombro el laburo y nos apoyamos entre todas, el acoso es difícil”. En consonancia se interesa por mencionar otras situaciones de desigualdad que enfrentan las trabajadoras: “En su momento estábamos distribuidxs en grupos y cada uno tenía un referente a cargo y siempre se elegían hombres para manejarlos, lo mismo que se definieron dos coordinadores que ayudan al coordinador general y también ahí siempre fueron varones, y esos cargos implican además de dar órdenes un plus económico para la persona. Se suma que también en las elecciones de delegado gremial no permitieron que se presente la fórmula femenina y tampoco que sea fórmula mixta, para que haya una compañera que pueda plantear nuestras demandas puntuales”. 

Una de las trabajadoras y compañera de Viviana fue víctima de una situación de acoso por parte de otro trabajador de la plataforma. Sin protocolo en un ámbito laboral sin regularización, las trabajadoras se pusieron al frente para acompañar a la joven en el proceso de denuncia y exigir alguna respuesta desde la empresa. “Se verificó el hecho y la persona acosada dejó de trabajar en la app”, pese a ello comenzó a trabajar en otra de las apps de reparto que funciona en la ciudad. “Nos cruzábamos con él todo el tiempo y lo mismo nuestra compañera que tenía la perimetral pero la seguía hostigando en la calle y no había forma de que la nueva empresa en la que él trabajaba asumiera algo, tuvo que acomodarse la compañera para tratar de estar siempre acompañada, ver qué horarios hacer, todo ella porque él seguía como si nada”.  

Por su parte, Brenda remarca “en el ámbito público estamos más expuestas, charlando con las compañeras siempre hay situaciones de comentarios en las calles y acoso frecuente, y en la cuarentena estuvimos doblemente expuestas al no haber casi gente”.

Brenda logró comprarse una moto y decidió sumarse a la cooperativa de cadetes que pertenece al Sindicato de Cadetes y Mensajeros de Rosario, una rama de la Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular (UTEP). “Aprendí otra forma de laburar y estar en mejores condiciones de trabajo, ya no cobrás por pedido sino por horas de trabajo, gestionamos desde la cooperativa el seguro de accidentes para estar respaldadxs, y también tenés un grupo humano que te escucha tanto en lo laboral como en cuanto a la violencia machista porque, por ejemplo, en cuarentena las compañeras planteamos hacer horarios en la mañana/tarde para prevenir situaciones de acoso y tuvimos apoyo”.

Actualmente Brenda está a cargo de la Secretaría de Género del sindicato y comenta que desde ahí “empezamos a sumar a más mujeres para equiparar tanto la paridad laboral como gremial, planificamos actividades para informar con folletería en el espacio público sobre las modalidades de violencia y donde recurrir, estamos elaborando un protocolo para actuación interna ante violencia, y también pensamos armar relatos del acoso que se vive en el espacio público puntualmente ligados a nuestro trabajo”. 

Regular para garantizar derechos 

Para las empresas extranjeras de reparto lxs trabajadorxs son intermediarixs entre quien demanda un producto y quien lo lleva, por lo tanto no existiría desde esta mirada vínculo laboral de dependencia entre repartidorxs y plataformas. Sin embargo los testimonios de las trabajadoras dejan ver que quien determina el valor del servicio, cómo se realiza, la calificación positiva y premiación correspondiente, y los castigos con bloqueos/despidos, son las empresas y no lxs trabajadorxs. 

Según el documento Recomendación sobre la Relación de Trabajo (2006) de la OIT, entre los parámetros que determinan la existencia de una relación de trabajo podrían figurar los siguientes: “El hecho de que el trabajo se realiza según las instrucciones y bajo el control de otra persona; que debe ser ejecutado personalmente por el trabajador, dentro de un horario determinado, que el trabajo es de cierta duración y tiene cierta continuidad, y el hecho de que se paga una remuneración periódica al trabajador; de que dicha remuneración constituye la única o la principal fuente de ingresos del trabajador”. Y señala “la posibilidad de consagrar una presunción legal de la existencia de una relación de trabajo cuando se dan uno o varios indicios”. 

Al tiempo que ya pensando en el mundo laboral actual, en el 2019 la OIT recomendó en el informe titulado Trabajar para un futuro más prometedor: “Establecer garantías de protección social, ingresos mínimos y de mayor soberanía sobre el tiempo para todas las personas que trabajan” incluyendo el empleo en las llamadas economías de plataforma y que “se oriente el desarrollo de las mismas de forma que se respete la dignidad de los trabajadores y consideren la posibilidad de adoptar nuevas normativas en este sentido”.

En este marco la demanda de lxs trabajadorxs se vincula con el reconocimiento de la relación laboral existente para el acceso a derechos laborales básicos como salario fijo y digno, horarios determinados, aguinaldo, vacaciones, ART, más allá de lo necesario de la determinación del Estado nacional y a nivel provincial y local sobre las habilitaciones y aspectos impositivos de estas empresas. 

Según lo anticipó el periodista especializado en temas sindicales Mariano Martín en el medio Ámbito Financiero, el gobierno nacional estaría pronto a impulsar una ley de regulación del trabajo en aplicaciones de reparto “con alcance sobre al menos 60 mil trabajadores que se desempeñan en la actualidad en cuatro plataformas digitales y para quienes se promoverá la creación de un estatuto nuevo por fuera de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) con mecanismos propios de definición de la jornada laboral, cobertura de salud, seguros e indemnización”. 

Sin dudas el debate futuro sobre este posible régimen laboral deberá incluir las voces de trabajadorxs y de las organizaciones sindicales creadas o por crearse que buscan representarlxs, a fin de dar lugar a una normativa que asegurando derechos fundamentales tenga en cuenta la realidad, necesidades y beneficios de quienes realizan el trabajo. Finalmente también resulta importante mencionar el debate que propone pensar desde el Estado alternativas a las que ofrecen las empresas transnacionales, desde un lugar de gestión estatal de la tecnología y articulación con cooperativas de trabajadorxs y empresas locales, controlando costos para usuarixs y consumidorxs y garantizando trabajo desde la organización social y popular. 

Foto portada Ph Irina Bentevea

Euge Rodríguez

Euge Rodríguez

Licenciada en Periodismo en Universidad Nacional de Rosario.