Por el derecho al goce, animate hermana!

Por el derecho al goce, animate hermana!

Desde el inicio de nuestras vidas las mujeres aprendemos a vivir y a encajar en modelos de sociedad regidos por la dominación masculina. Por intermedio de mandatos de género impuestos durante nuestra construcción como seres sociales, adoptamos roles y conductas que nos definen, al tiempo que asumimos como propios los valores, sentimientos, emociones y comportamientos que de ellos se desprenden. Tal es así, que pensar en transgredir los lineamientos hegemónicos que separan lo masculino de lo femenino, nos expone a la crudeza de la crítica y el temor al rechazo, porque claro, el orden social se alimenta de la culpa y la vergüenza. Esto es lo que llamamos patriarcado y no representa más que un régimen de relaciones en el que predomina la autoridad masculina.

En ese contexto, las relaciones de índole sexual no quedan exentas, al contrario, se rigen por las mismas pautas. A mujeres y varones nos enseñan a vivir nuestra sexualidad de formas completamente opuestas: para nosotras el aprendizaje está atravesado por represión y tabúes, y se produce en un marco de desconocimiento de nuestros derechos sexuales. Tal es así que el control de la mujer, también en este aspecto, se instala como una herramienta más para sostener la división de géneros y al sistema patriarcal.

“En la actualidad sigue existiendo ese legado represivo que en algún momento la educación religiosa nos transmitió, donde la mujer tiende a responsabilizarse cuando las cosas no resultan en materia sexual. En parejas heterosexuales por ejemplo, si el varón tiene problemas de erección, la mujer suele pensar que ella no logra excitarlo. Esto ocurre porque antes el hombre era visto como un príncipe que venía a despertar nuestra sexualidad y nos introducía en todo este campo del placer, cuando en realidad, si nosotras sabíamos poco sobre nuestra sexualidad hasta ese momento,  ¿cómo va a saber él?”, fueron las palabras de Carina Garnica, psicóloga y sexóloga clínica (Mat. 2144), en exclusiva para Reveladas.

Según indicó la especialista, en las diferentes culturas todavía prevalece la creencia de que “hay que agradarle al varón porque él es el que sabe”, pensamiento que se observa tanto en vínculos heterosexuales como en relaciones que responden a otros órdenes no hegemónicos. En este punto, explicó, intervienen también los estereotipos de belleza que están impresos en nuestro sistema de valores y creencias, donde la mujer tiene que ser bella y esbelta para lograr una mayor aceptación: “Lamentablemente esto hace que a muchas mujeres no les guste su cuerpo e incluso que lo desconozcan”.

En este contexto, no sorprende que el género masculino se sienta amenazado frente a los primeros indicios de cambio. Al respecto, Garnica aseguró que algunos hombres reaccionan mal ante los planteos de sus compañeras sexuales, se sienten heridos y ofendidos. El temor a esta respuesta condiciona al punto que muchas de nosotras terminamos por no ser claras respecto a lo que sentimos y queremos. En casos extremos, directamente no decimos nada.

“Cuando la mujer elige no hablar es para no tocar el ego del hombre: no vaya a ser que le diga algo y de repente se le baje. Es común en el varón –que también debe cumplir con ciertas exigencias sociales para probar su ‘masculinidad’– el hecho de sentir que no está alcanzando las expectativas de ella y que su ansiedad interfiera en el acto sexual”. En este sentido la sexóloga explicó que el chip de ellos está configurado para creer que su compañera “lo está esperando con las piernas abiertas”. Constantemente ocupados por su erección en cuanto a rigidez y duración, suelen perder de vista las necesidades reales de su compañera. 

La pregunta es, ¿por qué seguimos consumando este tipo de creencias? En parte, gracias a la industria, en este caso pornográfica. “Lamentablemente muchos jovencitos aprenden a desempeñarse sexualmente a través de películas, algo totalmente erróneo. De ahí se rescata que el varón puede controlar 40 minutos la eyaculación, que a la mujer le gusta que le eyaculen en la cara, que a la mujer le gusta que le aprieten el cuello o que le peguen nalgadas. En las películas porno convencionales, de tres actos sexuales, uno es agresivo o descalificador hacia la mujer. Entonces, si ella cree que para complacerlo tiene que dejar que le aprieten el cuello, estamos en un problema. Él no puede decidir por ella, es ella quien tiene que autorizar a que sucedan ciertas situaciones y otras no, él no puede hacer lo que le viene en gana porque cree que a ella le está encantando”, sentenció la entrevistada.

Al respecto, aclaró que no se puede generalizar puesto que algunos varones avanzan también en la ruptura de dichas pautas, pero sí es real que muchos de ellos todavía consideran que “por tener un pene en erección, la mujer enseguida estará lubricada”. En contraposición, nosotras necesitamos más que eso: “La mujer necesita mucho más tiempo porque requiere de un mayor volumen de sangre para irrigar toda la zona de la pelvis y generar la lubricación. En nosotras juega más el erotismo y una correcta estimulación”, indicó la psicóloga.  

Y es en este momento donde no podemos hacer oídos sordos y necesariamente nos urge abordar una realidad que para muchas se transforma en un trastorno: el orgasmo femenino. Según un estudio de la Universidad de Buenos Aires realizado sobre 700 mujeres, el 30 por ciento de nosotras no logra llegar al orgasmo y una de cada diez, nunca lo tuvo. El sondeo fue realizado entre 2018 y 2019 mediante un test llamado Índice de Función Sexual Femenina (IFSF) y los resultados configuran un llamado de atención para repensar nuestra sexualidad. La mayoría de las anorgásmicas tienen 35 años o más y confunden el momento de éxtasis con excitación.

Consultada sobre este asunto, Garnica habló sobre nuestra tendencia a simular el orgasmo y explicó: “Las mujeres lo fingen muchísimo y desde la sexología claramente estamos en contra de este comportamiento porque dificulta el tratamiento. Cuando llega una paciente que indica haber actuado durante años, es complejo desarmar la situación. Si tu pareja creyó siempre que llegabas, decir la verdad cuesta más”.

Al indagar un poco, la profesional argumentó que muchas fingen para que su pareja no se ofenda y por temor a ser dejadas. Incluso aseguró –basándose en su experiencia con hombres tratados en consultorio– que ellos suelen acudir a la infidelidad para sentirse mejor consigo mismos, cuando se enteran que sus compañeras sexuales no alcanzan el placer.

Feminismos al rescate

Afortunadamente, la oleada feminista e histórica que vivenciamos por estos días se suma a una necesidad de deconstrucción y empoderamiento que nos empuja a posicionarnos como protagonistas del placer. Dispuestas a romper con los estereotipos que nos vende la pornografía convencional –donde el macho dominante es quien decide qué hacer en la cama con la «sumisa»– gozamos de tiempos de autodescubrimiento y nos animamos, más ahora que antes, a expresar lo que queremos y cómo lo queremos. 

“La mujer de hoy tiene mucho más en claro qué es lo que le gusta, dónde le gusta y qué no le gusta. Si hay algo que le llama la atención y le parece que no va, lo averigua. Ya no queda sujeta a que sea él quien proponga y disponga”, manifestó la DoctoraG, tal y como se define en su cuenta de Instagram. En este sentido, señaló que la auto satisfacción se vuelve instrumento para derribar creencias arcaicas y aseguró que “la mujer actual se da permisos, se anima a tocarse y habla sobre masturbación femenina, algo que tiempo atrás era impensado” y aunque en comparación con el varón todavía nos falta recorrido en la materia, empezamos a naturalizarla y a romper con la presión social de la típica frase “de eso no se habla”.

Vale destacar en relación a lo anterior, que existen supuestos datos estadísticos que hablan de dificultades mayores en la mujer para alcanzar el orgasmo. En contraposición, para la consultada, no es del todo acertado: “No es que para nosotras sea más complicado, porque si hablamos de la auto estimulación, el varón y la mujer llegan al orgasmo más o menos al mismo tiempo. Ésta cuestión tiene más que ver con las formas. La realidad es que por penetración es difícil llegar al orgasmo y es mucho el tiempo que se requiere”.

Ciertamente, la anatomía femenina dispone al clítoris es un espacio ajeno a la cavidad vaginal y por ende, si el hombre se deja llevar por su avidez y no se detienen a estimular esta área erógena en el cuerpo de su compañera sexual, difícilmente nosotras podamos alcanzar la cumbre del placer. Como bien refirió la experta: “El clítoris queda en el altillo y ni siquiera se entera de la fiesta que está aconteciendo allá abajo”.

Nuestro consejo para los portadores de pene: aprendan a escuchar a sus compañerexs sexuales. Para nosotras: ¡es tiempo de animarse! En la actualidad son las más jóvenes las que se atreven, las que se exploran y las que mejor conocen, para ellas felicitaciones, y para las adultas o más tímidas, la sexóloga tiene algunos consejos:

  • Apelar al erotismo es fundamental y para ello es indispensable que conozcas tu propio cuerpo, que estés en contacto con él. A diferencia de los varones que tienen su pene en la mano desde que dejaron los pañales, nuestra anatomía exige de un espejo para poder ver nuestros genitales, pero no hay dudas que requerir de éste es el primer paso para alcanzar el placer.
  • ¡Tocá tu cuerpo! Metete en la bañera, acondicioná el ambiente, poné una velita y llévate un trago que te guste, como si estuvieras celebrando el encuentro con vos misma. Jugá con los sentidos, prestá atención al tacto y recorré tu cuerpo. Sentí la piel a ver qué sensación te produce y no te dejes atravesar por estereotipos culturales establecidos: ¡no te critiques! Si no tenés bañera, la cama también sirve.
  •  Sé sutil y cuidadosa. Explorá cada área antes de llegar a la vulva. Podés usar aceites y darte masajes… Y cuando llegues a esa zona tan sensible – a tu tiempo, a tu paso – animate a tocarlo sin tabúes. Cuando hayas avanzado podés agregar accesorios y juguetes sexuales que te van a facilitar las cosas todavía más.

Problemáticas sexuales

Más allá de nuestra lucha y las expectativas que tenemos en torno a la reestructuración de la sexualidad femenina, la historia ha dejado huellas en nosotras que siguen siendo difíciles de resolver e incluso de abordar. Sobre esto, Garnica habló de los problemas más frecuentes de las mujeres al momento de la consulta clínica: “Si están en parejas estables, generalmente la problemática que se presenta tiene que ver con la excitación sexual. Es recurrente que vengan a consulta expresando una carencia del deseo sexual -incluso parejas jóvenes que conviven hace poco tiempo– lo cual no sobresale demasiado cuando no se está en una relación puesto que no hay una demanda explícita”.

En segundo término, la entrevistada puntualizó en la dificultad de alcanzar el orgasmo, aunque remarcó que no prepondera como hace dos décadas, cuando esta cuestión ocupaba la cima del podio. Otra de las consultas tiene que ver con un dificultad denominada vaginismo, “que es la imposibilidad de consumar la penetración porque ocasiona dolor extremo”. Esta última, muchas veces viene de la mano de creencias religiosas muy fuertes y quienes lo padecen por lo general llegan a la consulta cuando quieren ser madres, habiendo convivido con el problema durante años.  

“Lo importante es saber que los problemas tienen tratamiento y en un alto porcentaje, también tienen solución. Llevan su tiempo, pero todos se pueden tratar. La clave está en que ellas estén interesadas en avanzar y no lo hagan con el único fin de complacer a su pareja o por una necesidad de cumplir. Muchas patologías tienen que ver además con cuestiones químicas como la baja de estrógenos, por ejemplo; mientras que en otros cuadros se combina la psicoterapia con ejercicios para ir trabajando en casa. Las terapias sexuales son breves y tienen buen pronóstico, es cuestión de consultar”, finalizó.

Ilustración de la portada de @tinamariaelena

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