Pandemia: “No se olviden de las travas”

Pandemia: “No se olviden de las travas”

El teléfono suena un par de veces, unas pocas antes de encontrar a Chocolate al otro lado de la línea. Levanta el tubo un tanto ansiosa, como si hubiese esperado la llamada por algún tiempo, como si por primera vez tuviese la oportunidad de contar una parte de su historia, esa realidad que es tan cruda como verdadera y que tristemente no es la única. Chocolate, la reconocen amigos y afines,  pero su nombre – el que figura en su Documento Nacional de Identidad – es Mariana Fernández.

Su voz es contundente y se descubre en ella el peso de 57 años vividos con intensidad, años que se forjaron al resguardo de la lucha, años que han traído conquistas pero cuyas cicatrices todavía duelen. Como miembro de la comunidad travesti-trans está acostumbrada a vivir así: dando batalla. Sabe lo que es caerse, que la tumben a golpes para luego levantarse, una vez más.

Hoy el enemigo que acecha es un virus del que poco se conoce, que siembra pánico e incertidumbre. A Mariana le preocupa, como a todxs, pero más que el temor a la infección le pesa la indiferencia. No se olviden de las travas, le escucho decir, y me parece que estuviera suplicando. Pero no, no suplica, más bien exige, cansada de tener que repetir siempre lo mismo, harta de tener que pelear por aquello que le corresponde y que para otrxs es tan fácil de obtener. 

“Lo más difícil fue al principio, cuando empezó la cuarentena y nos agarró sin nada de plata en el bolsillo. Nosotras vivimos de la calle y la situación se puso fea cuando entendimos que no podíamos salir a trabajar. Realmente fue desesperante, no sabíamos a quién recurrir, adónde buscar algo para comer, no tenemos otro recurso y el no poder salir nos llenó de miedo. Miedo a no poder pagar el alquiler, a no tener comida. Las chicas que están enfermas, ¿cómo van a hacer para mantenerse? Imaginate que las travesti-trans vivimos mal desde siempre, esto lo único que hizo fue empeorar las cosas. Pasaron más de 20 días y todo sigue igual”, señala de forma contundente. 

En el mismo sentido, cuenta: “Así vivimos, sin la ayuda de nadie, porque nadie nos escucha, del Estado tampoco conseguimos respuestas. Recién ahora pudimos acceder a algún que otro bolsón para matar un poco el hambre y nos comunicamos entre nosotras para ayudarnos en lo que podemos. Siempre fuimos un grupo vulnerable, siempre tuvimos que atendernos en hospitales públicos porque nunca tuvimos obra social, ni una buena alimentación. Hoy todo eso lo vivimos más que nunca. Se come lo que se puede, se garronea lo que hay. La estamos pasando realmente mal, vivimos a mate y con lo que nos dan desde las organizaciones, que nos hacen llegar una ración de comida por día. No se puede vivir así, ¿cómo aguantás 24 horas con tan poco en la panza?”.

“Yo gracias a dios, tengo una casita que me dejó mi mamá y que me cubre del frío, pero hay compañeras que están viviendo con cuatro chapas locas. Ni siquiera tienen lavandina, y lo que no se entiende acá es que nosotras pedimos por necesidad, si pudiéramos salir a trabajar, te aseguro que no pediríamos nada”, agrega Mariana y asegura “las travas somos muy orgullosas, desde chicas nos bancamos sola y realmente nos cuesta pedir, pero no nos queda otra. No tenemos sueldo, la mayoría no tenemos pensiones, pagamos alquileres haciendo acuerdos de palabra con los dueños, lo único que tenemos es el documento y una tarjetita con 300 pesos. Nada más.  Así estamos, comiendo pan y tratando de sobrevivir, es muy horrible no tener para comprarte un jabón”

Sobre la vulnerabilidad social que las atraviesa en el día a día describe: “Nosotras no sabemos lo que es tener un sueldo fijo, no nos dan trabajo, yo siempre digo que las travestis somos inteligentes, pero no nos dan la posibilidad de tener un trabajo formal. Con decirte que cuando mi hermano falleció ni siquiera pude velarlo porque no tenía los recursos, lo tuve que llevar del hospital al cementerio y sólo así pude despedirlo. Lo mismo va a pasar con nosotras porque no tenemos ningún tipo de cobertura” Asimismo cuenta que “hay chicas que a pesar de la cuarentena se ven obligadas a salir a trabajar igual y el maltrato por parte de la policía es terrible, como siempre. Son golpeadas, ultrajadas, porque a veces les responden: ¡no tenemos qué comer! Entonces las muelen a palos. ¿Qué podemos hacer? Si vamos a hacer la denuncia caemos detenidas de vuelta y ahí adentro es peor”.

Para finalizar remarca “nosotras entendemos, es una pandemia, te mata, pero el hambre también te va matando despacito. Acá está todo mal hecho, ni siquiera tenemos acceso a las órdenes para conseguir las pastillas del HIV. La situación está desbordada, estamos peor que nunca, llegamos a buscar comida en la basura. No podemos reclamar en la calle, pero no queremos quedarnos calladas, hoy quiero luchar por mis amigas, que las autoridades nos escuchen,  que la gente sepa y que se entienda: ¡TENEMOS HAMBRE!”.

A la deriva

Entre los meses de agosto y octubre de 2019, el Instituto Provincial de Estadística y Censos (IPEC) realizó una encuesta conjunta con la entonces Subsecretaría de Políticas de Diversidad Sexual, perteneciente al Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Santa Fe. La misma buscó relevar datos sobre la vulnerabilidad de la población travesti-trans en el territorio provincial y contó con un muestreo de 400 entrevistas, apenas el 25 por ciento de la población total. 

En términos de porcentaje, la cantidad de personas trans que han pasado por situaciones de violencia de diversa índole supera el 90 por ciento. Víctimas de maltrato físico y verbal, acoso, discriminación y abuso sexual, el 42 por ciento manifestó haber tenido al menos un episodio relacionado con la posibilidad de quitarse la vida. Sobre el acceso a la educación, la estadística marcó que solo el 5 por ciento alcanzó un nivel de estudios alto: la mitad admitió no haber podido terminar siquiera la escuela primaria. En materia de salud, más del 75 por ciento se atiende en efectores públicos, puesto que las obras sociales están fuera de su alcance. 

Por si esto fuera poco, desde la puesta en marcha del proceso de relevamiento hasta la obtención de los primeros resultados, once mujeres trans resultaron muertas.

Y es que para la comunidad travesti-trans siempre fue igual: la vida muy difícil y los derechos, el privilegio de unxs pocxs. “Históricamente lxs travesti-trans nunca pudimos acceder al trabajo, a la vivienda, a la salud o tener una casa propia. Dentro de nuestra comunidad son más las que están por fuera que las que llegan a eso”, expresó Michelle Vargas Lobo en diálogo con Reveladas. La referenta de la Casa de las Locas –espacio cultural, social y político LGTBIQ+ de la ciudad de Rosario– conoce bien la realidad del colectivo y entiende que la emergencia sanitaria no hace más que agravar la situación.

“En este tiempo de medidas preventivas, para nosotras es muchísimo más complejo. La mayor parte de nuestra población está en una situación de vulnerabilidad y es atravesada por el trabajo sexual. Hoy en día las chicas no están pudiendo salir a trabajar, no tienen ningún tipo de ingreso económico y están imposibilitadas. Incluso muchas de nuestras compañeras no están comiendo”, dijo la militante con un dejo de angustia fácil de reconocer. 

En consonancia, explicó que la comunidad travesti-trans es plenamente consciente de la necesidad de llevar adelante una cuarentena sostenida con el fin de resguardar a toda la población, sin embargo, “se torna imposible en un marco de carencias”. “La sociedad te pide que te quedes en tu casa, resguardada, ¿pero cómo hacés cuando no tenés ningún tipo de ingreso? Cuando no tenés donde dormir, cuando no tenés comida en la mesa. Es muy fácil decirlo desde un lugar de comodidad donde contás con los servicios básicos, pero la realidad no es igual para todxs. Es muy triste ver lo que está sucediendo y sentimos que hay un olvido del Estado para con nosotras”, señaló. 

Vale destacar que la petición formal de ayuda tiene ya varios días de presentada, pero las respuestas siguen siendo nulas. El reclamo fue enviado a la Secretaría de Género e Igualdad, actualmente a cargo de la funcionaria Celia Arena y exige una política estructurada por parte de las autoridades para que los miembros de la comunidad puedan sustentarse en tiempos de pandemia. “Las organizaciones locales realizamos una carta que incluye el aporte de los diversos espacios políticos y que exige al Estado provincial medidas urgentes para contener a la comunidad. No somos ideológicamente iguales y no militamos lo mismo, pero entendemos que en esta situación no hay banderas políticas y que la realidad trasciende lo partidario. Estamos hablando de vidas”, indicó la entrevistada. 

“Venimos pidiendo bolsones de mercadería y de higiene para las mujeres y varones trans que integran el colectivo, herramientas y recursos que sean para todxs por igual. El solo hecho de ser travesti o trans nos ubica en un lugar de vulnerabilidad y necesitamos elementos que nos permitan subsistir mientras dure la cuarentena. Como colectivo tratamos de armar una red de contención y hacemos todo lo que está a nuestro alcance, pero no podemos resolverles la vida a todas las chicas porque no contamos con los recursos. Es desesperante ver que hay un montón de pibas que ya no saben qué hacer. No contar esto es ocultarlo y lo que queremos es darle visibilidad”, sentenció.  

La realidad del colectivo es alarmante, más aún si se tiene en cuenta que el Covid19 supone una amenaza mayor para las personas que están incluidas en los llamados grupos de riesgo. “Nuestra expectativa de vida no ha podido superar los 40 años en su mejor momento, en tiempos de la historia donde logramos la conquista de muchos derechos. Hoy estamos nuevamente en un promedio de 32 años”, indicó Vargas Lobo al respecto. “Muchas de nosotras venimos de sectores pobres, humildes, sin contar que nuestra relación con la salud siempre fue precaria. Necesitamos respuestas urgentes para prevenir futuras muertes, porque sabemos que lo peor está por venir”, culminó. 

Por su parte, la presidenta de Red Diversa Positiva, también se sumó al reclamo. Al frente de una organización que lucha por los derechos de la comunidad LGBT, Jackeline Romero manifestó su disconformidad ante la falta de respuestas: “En tiempos de pandemia se deja al descubierto el abandono de los Estados hacia las políticas públicas a favor de la comunidad trans y travesti. Lo que estamos atravesando hoy es doblemente grave, ya que las autoridades están repartiendo alimentos, salarios y se están creando programas de ayuda para toda la comunidad, pero nuevamente los trans y travestis quedamos por fuera. ¿Por qué? Porque no reunimos los requisitos de la heteronormatividad”, señaló.

En este contexto, la representante aseguró que “el Estado nacional destinó recursos a organizaciones y ministerios claves para el desarrollo y fortalecimiento de la comunidad trans y travesti – psicosocialmente y en materia de salud, vivienda, educación, trabajo y justicia – pero dichas organizaciones lo único que hacen es gueto para sus propios miembros, dejando por fuera al resto de los sectores que no adhieren a su posicionamiento político e ideológico”. “Se está jugando con el hambre y la necesidad de las compañeras. Lo peor es que ahora no podemos ver la gravedad del asunto porque estamos en cuarentena, pero cuando esto pase y las pibas puedan salir a ganarse el mango, vamos a empezar a morir como moscas”, sentenció. 

La frase resuena con crudeza pero no se aleja de la realidad. Romero vela desde hace tiempo por modificar las circunstancias de la comunidad, trabajando en pos de una inclusión real y participativa, pero la llegada del coronavirus no hizo más que instalarse como un nuevo obstáculo a superar, otro de tantos, que además expone las miserias de un sistema que las tiene olvidadas. 

“Todos los reclamos que estamos haciendo, los llevamos vía mail, vía Whatsapp, vía redes sociales, pero ni así tenemos respuesta. Obviamente que esto para nosotras se traduce en frustración. Estamos encerradas, no podemos salir a exigir a las calles por nuestra salud y para no exponer a nuestras compañeras y el Estado no está respondiendo o las respuestas que da son mediocres, frívolas o muy tibias”, destacó al ser consultada. Y agregó que como militante y única pre-candidata trans a concejal en la ciudad de Rosario, se siente desamparada: “Es asquerosamente reprochable como nos sacan del medio”.

Al respecto, Romero finalizó: “Tenemos una población de personas donde la mayoría somos inmunodeprimidas y la minoría restante es la que hoy está saliendo a la calle a distribuir algunos bolsones y donaciones que hemos recibido como institución. Hay compañeras que están solas y a la deriva. Entonces, el Estado… ¿dónde está?”.

Melisa Morini

Melisa Morini

Licenciada en Periodismo en Universidad Nacional de Rosario.

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