Mujeres en la cárcel: Estereotipos, ausencias y la posibilidad de otro proyecto de vida

Mujeres en la cárcel: Estereotipos, ausencias y la posibilidad de otro proyecto de vida

Las mujeres en general son objeto y víctima de múltiples estereotipos que la sociedad va construyendo a su alrededor. Pero sin duda, uno de los grupos más castigados y marginados dentro del colectivo es aquel compuesto por las mujeres que están privadas de la libertad, ya que no han cumplido con su papel de “buenas madres y esposas”. Muchas de ellas provienen de ámbitos signados por la exclusión y la pobreza, a los cuales deben volver luego de cumplir su condena ante la ausencia de respuestas por parte del Estado. Desde hace varios años, una ONG de la ciudad confía en ellas y en sus capacidades para generar un proyecto de vida distinto.

Se trata de Mujeres tras las rejas que ofrece una serie de talleres como radio, poesía, huerta y actividad física, en la Unidad Penal N°5 de Rosario. Para conocer más sobre su actividad, desde Reveladas charlamos con Marina Gryciuk, directora de El Enredado, uno de los talleres de Mujeres tras las rejas. “El Enredo es un proyecto de experiencia textil que realizamos junto a las mujeres de la cárcel. Al igual que los demás espacios, se trabaja dentro del penal, pero el objetivo es también desarrollar lazos con otras instituciones para que la visibilización de su inserción con el afuera sea más fácil”.

“Por una parte, tenemos un taller de producción de objetos textiles como alfombras, adornos o bordados que sacamos de la cárcel para vender; una de las mujeres, Silvia, que ya cumplió con su condena, tiene un puesto en la feria de plaza Montenegro y ella vende allí las producciones. Además, las chicas pueden vender o regalar los objetos a los familiares que van a verlas o al personal del penal. Por lo general, el material es provisto a través de donaciones o subsidios”, detalló.

Marina es licenciada en Bellas Artes y artista plástica, y entiende que el proyecto se fue encarando de a poco, con el objetivo de crecer e ir fortaleciendo el trabajo con las internas. “En algún momento de la vida me di cuenta que había acumulado un conjunto de recursos que quería volcar en la enseñanza, poco a poco fui desarrollando la idea de que deseaba trabajar con mujeres. Me probé a mí misma en esto de trabajar con mujeres que tienen un recorrido distinto al mío, mi objetivo es aportarle recursos para que puedan expresarse y desarrollar un trabajo fuera de la cárcel”.

¿Quién soy?

La otra parte de El Enredo es el trabajo con la creatividad porque “la expresión y el acto creativo en ese contexto ayuda al empoderamiento y a sacar cosas de adentro. Yo veo que las chicas se ponen felices, hay una relación de empatía con el mundo y el grupo”. En ese sentido, por ejemplo, la experiencia del año pasado implicó trabajar con la técnica del autoretrato “a partir de las preguntas: ¿quién soy?, ¿cómo me ven?, ¿cómo quiero que me vean?, utilizamos una foto que luego pasamos a una tela para intervenir y expresar lo que ellas querían ser, poner en palabras y pensarse en el mundo. Este trabajo surgió a partir de considerar que ellas, por cuestiones de seguridad, no tienen espejos, por lo que no tienen una relación cotidiana con su propio cuerpo. Les sacamos fotos de cuerpo entero y no se reconocían, empezamos a trabajar sobre esa imagen y salieron cosas hermosas”.

Y agregó: “Trabajamos con un grupo dentro de la cárcel y con otro grupo de 15 mujeres a partir de una convocatoria abierta. Luego expusimos los retratos y las poesías que también fueron surgiendo en el Museo Estévez, y desarrollamos otra muestra en la cárcel, donde las mujeres que trabajaron afuera pudieron entrar y compartir una jornada. En este marco, también trabajamos el tema de la diversidad sexual y el humano como ser sexual, porque dentro de la cárcel, igual que en el afuera, hay distintas formas de vivir lo sexual y expresar lo femenino”.

En ese marco, Gryciuk contó que cambió para mejor el ambiente de trabajo con la nueva cárcel erigida en 27 de Febrero al 7800, e inaugurada el año pasado, que reemplazó a la vieja Unidad Penitenciaria IV, de Ingeniero Thedy 375 bis, ya que ahora cada interna tiene su habitación con una pequeña cocina y baño, “lo que les permite tener su intimidad, además les entra luz natural y pueden mirar para el exterior, nada de ello ocurría en el otro penal donde estaban solo con luz artificial”.

Muestra en el Museo Estévez

Estereotipos

En relación a la mirada del afuera, la docente contó que desde la ONG trabajan “para quitar un poco el prejuicio que se tiene sobre ellas, son seres humanos, que tienen toda una carga negativa encima, no se espera que ellas estén ahí sino cumpliendo su rol de madres y esposas”. Y explicó que la mayoría de las actuales presas están por causas ligadas a la venta de drogas. “Son mujeres que eran amas de casa o tenían un kiosco, y como les empezó a ir mal tuvieron que vender droga. Las mujeres son las primeras en caer, no tienen abogado, los tiempos se van estirando y están sin condena, y además muchas son del interior, por lo que tampoco reciben visitas. Están muy relegadas y las paraliza la propia vergüenza que sienten”, dijo.

La artista valoró el trabajo artístico que realiza junto a ellas ya que les brinda la posibilidad de pensar en un proyecto que tenga que ver con el afuera, cuestión que nunca antes habían imaginado. Y contó: “El otro día una de las chicas me decía: en mi casa no me creen que yo hago esto, que yo puedo hacer esto tan lindo. Y realmente lo que había hecho era muy lindo, lo que pasa es que nunca nadie confió en ellas, nunca tuvieron un proyecto de vida, su única posibilidad era ser madre”.

En ese sentido, Gryciuk señaló las fallas del Estado, al entender que no existe una estructura pensada para recibir “y reinsertar a las mujeres que salen. Inclusive, algunas chicas se han quedado tiempo después de finalizar su condena porque no tenían a donde ir. A veces están hasta “mejor” en la cárcel porque afuera las espera las mismas condiciones precarias de antes, marcadas por situaciones de violencia y abuso. Estamos haciendo el trabajo que tendría que hacer el Estado, nuestra tarea les sirve a ellos, incluso cuando hay algún problema en el penal a las primeras que llaman son a nosotras”.

Para finalizar, la coordinadora de El Enredo, invitó a reflexionar sobre qué lugar les está dando el feminismo a estas mujeres. “Nuestra construcción del feminismo parte de un lugar de privilegio dado por la clase, nos estamos deconstruyendo porque tenemos herramientas teóricas, pero no hay herramientas o dispositivos para que las mujeres que están presas puedan desandar sus relaciones violentas. Debe ser un trabajo integral, el feminismo debe mirar más hacia las cárceles”, cerró.

Julieta Gabirondo

Licenciada en Periodismo (UNR) - Profesora de Historia (UNR)