Las malas: fiesta, magia y furia travesti

Las malas: fiesta, magia y furia travesti

“Estamos ahí para ser escritas, para ser eternas”. Así dice la narradora de Las malas (Tusquets, 2019), una novela con sello autobiográfico que cuenta la vida de un grupo de mujeres trans en la zona roja de la ciudad de Córdoba. Excluidas, humilladas, abusadas, pero también alegres, dañinas y hasta mágicas. Todo eso son las protagonistas de esta historia. En un juego de múltiples voces, Camila Sosa Villada logra un relato provocador cuyo éxito parece no tener freno, y en esta nota te contamos por qué.

El rito de iniciación

Camila Sosa Villada (La Falda, 1982) se va del pueblo para poder travestirse sin sentir el desprecio de su comunidad. Su padre le advierte que terminaría tirada en una zanja, bien muerta, porque ¿qué otro destino le espera a las travestis? Camila llega a Córdoba capital, empieza a estudiar Comunicación Social y por las noches se prostituye en Parque Sarmiento. Cuando termina con sus clientes, escribe, y el resultado es un blog llamado La Novia de Sandro, que después borra por vergüenza. Quiere ser aceptada. ¿Quiere olvidar? Camila se hace acrtiz, triunfa, deja la prostitución. Un día se acuerda de sus compañeras de ronda. No sabe dónde están ni qué fue de ellas. Camila de pronto las recuerda, las escribe, las hace vivir. 

Entonces nace Las malas, y nosotrxs las leemos. Podemos verlas, están ahí: la Tía Encarna, travesti de 178 años, y su pensión —que es como una selva y una casa encantada—; una comunidad trans que decide criar a un niño abandonado, apodado El Brillo de los Ojos y una narradora mitad testigo mitad protagonista que incendia el relato con una pluma cruda y exquisita.

La realidad y más allá

En esta novela, que mezcla la ficción con lo autobiográfico, la autora introduce elementos maravillosos que recuerdan al realismo mágico de García Márquez. Una chica trans se convierte en pájaro, otra deviene en lobo al llegar la luna llena, hay hombres sin cabeza y también alusiones religiosas y paganas —a la Virgen María y la Difunta Correa— mezcladas con momentos fantásticos que son narrados con una cotidianidad tal que hace pensar que todo aquello es posible.

Camila Sosa Villada, autora también de El viaje inútil y Tesis sobre una domesticación y actriz de la obra Carnes tolendas, muestra en Las malas la influencia por García Lorca que ya había incorporado en el teatro. El rol de la mujer y la maternidad, la pensión de la Tía Encarna en donde casi no entran hombres y el universo femenino de la novela tienen una aire a Yerma y La casa de Bernarda Alba, revitalizado por un lenguaje propio del mundo travesti y un argumento transgresor y en carne viva.

¿Y cómo se cuenta ese mundo trans? Narrando todas sus aristas. Como la autora ha señalado en varias oportunidades, la novela no busca el rol pasivo o lastimero de los personajes, ni mostrar solo el eje de la prostitución. “Yo quiero mostrar el cuerpo de una travesti desvestido, no el que se ve en la pornografía, para que se entienda hasta qué punto en mi existencia todo es una gran contradicción y convivencia”. Así dice Camila y esa misma coexistencia se refleja en la novela. “Ser travesti es una fiesta”, dice una de las protagonistas, mientras que para la narradora el país es “el daño sin tregua al cuerpo de las travestis. La huella dejada en determinados cuerpos, de manera injusta, azarosa y evitable, esa huella de odio”. Aquí se expone también la hipocresía social, ya que son los mismos hombres que las buscan y desean quienes luego las excluyen, niegan y atacan. 

La novela, traducida a cinco idiomas y ganadora del Premio Juana Inés de la Cruz y del Premio español de Narrativa en Castellano, se convertirá próximamente en una serie televisiva. Con la perpetuidad que permiten las palabras, Las malas sin duda seguirá rompiendo barreras y cosechando éxitos. Y es que como dijo Juan Forn, “es esa clase de libro que, en cuanto terminamos de leer, queremos que lo lea el mundo entero”.

Yanin Gulam

Yanin Gulam

Periodista. Profesora en Letras (UNR).(@yaningulam)