“La ropa es para vestirse, no para taparse”

“La ropa es para vestirse, no para taparse”

Julieta Kleier es una mujer rosarina que como tantas otras perdió, durante mucho tiempo, varias horas de su vida intentando encontrar prendas de su talle. Con el correr de los años se dio cuenta de que se trataba de una problemática que no solo la afectaba a ella sino a cientos de mujeres del país y decidió arriesgar su capital y tiempo para apostar a un emprendimiento que tenga en cuenta a una gran cantidad de cuerpos que son dejados de lado, discriminados. De esta forma nació Mueck, un negocio de ropa inclusiva ubicado en Jujuy 1610.

“Mi emprendimiento arrancó hace cinco años con el objetivo de que todas las mujeres pudieran encontrar un espacio cómodo en los probadores para medirse la ropa que quisieran sin sentir una mirada ajena que la juzgue, que era lo que yo sentía cuando me iba a comprar prendas. Arrancó en el living de la casa de una amiga donde tenía variedad de ropa de todos los estilos, en ese momento estaba estudiando biotecnología y luego por distintos motivos decidí apostar todo a Mueck y hace un año me mudé a esta casona”, describió Julieta en diálogo con Reveladas.

La tiranía del talle único

Al adentrarse en el mercado, Julieta descubrió que la problemática de los talles en Argentina va más allá de no contar con una tabla de talles, “sino que también radica en que todas las prendas son talle único, es decir, también está el talle único en talles grandes, ósea que siempre te tenés que adaptar a la forma de la prenda por más que no te guste. Otra cosa que sucede es que los comercios traen el 46 en rojo, el 48 en azul y el 50 en negro. Ahí me di cuenta que uno se adapta siempre a lo que consigue, es un padecimiento general y lo solucionamos trayendo del mismo artículo toda la tabla de talle completa, tuve que resignar variedad pero quería que las personas realmente puedan elegir qué ponerse. Nuestro slogan es: Vos sos única, tu talle no”.

Otra de las trabas con la que se encontró Julieta fue el tema de los proveedores, ya que descubrió que por lo general lo que se encontraba era “ropa de señora o con cortes que no eran nuestros, por ejemplo, la ropa coreada, y la gente que no le gusta esto queda en un limbo”. “Me frustre, pero después me di cuenta de que tenía que hacer algo: busqué diseñadoras independientes y fabricantes de ropa y se sumaron al desafío de hacer la curva de talles grandes porque la moldería es distinta, era otra forma de producir. Lo bueno de esto es que encontré un equipo de mujeres que tenían ganas de solucionar este problema más allá de que no lo padecían y creo que eso enriqueció el objetivo. Con el correr del tiempo empezaron a aparecer fábricas que se dedican a los talles grandes y también diseñadoras independientes que, como yo, sufrían este problema. Creo que la competencia enriqueció el trabajo y hoy tengo un mix entre productos industrizados de grandes marcas de Buenos Aires y diseñadoras independientes”.

“Cuando arranqué mi familia no estaba segura porque pensaba que era un nicho chiquito, pero fui descubriendo que esto no era tan así. Además, estaba decidida a ayudar a mujeres, a ayudar a la mujer que había sido hace diez años en mi adolescencia, porque hoy por cuestiones de edad o terapia no tengo ningún trauma en conseguir ropa y ponerme algo con una etiqueta de un talle que sé que no es el que me corresponde, pero cuando tenía 15 años me frustraba porque es un momento en donde unx está comenzando a desarrollar su personalidad y quería mostrarla a través de mi indumentaria, sino sentís que estas disfrazada de alguien que no sos”, indicó.

Foto gentileza Julieta Kleier – Producción de trajes de baño para Mueck

Espejito, espejito

Si hay un lugar al que muchas mujeres le huyen es al probador, y en ese sentido Julieta explica que es muy “angustiante” ver a adolescentes que llegan con sus madres “que probablemente sufrieron traumas y los siguen reproduciendo con sus hijas. Cuando te recorriste todo el centro buscando ropa vos lo único que queres es que te entre la remera para irte a jugar y te encontrás con frases como: si cerraras un poco la boca no tendríamos este problema, dale que la chica ya te sacó medio local, como si fuera tu culpa que la ropa te quede mal, son frases cargadas de odio a la comida cuando seguramente quien le da de comer también se esa madre, esa madre que es presente y acompaña pero que muchas veces dice frases que hacen que las niñas salgan llorando”.

En relación a las mujeres adultas, Julieta identifica dos patrones, por una parte, la mujer que no presta atención a los estigmas sociales y elige qué ponerse, y por el otro lado quienes antes de descolgar la prenda del perchero preguntan si tal color les va a quedar bien o disimula la panza. “En este segundo caso todo pasa por allí, no importa si les gusta o no, con las chicas tratamos de hacer un trabajo de visualizar el cuerpo y decir que la ropa es para vestirse y no para taparse, pero es difícil en pocos minutos. Por eso también aprovechamos las redes para hacer llegar nuestro discurso, es un trabajo de hormiga día a día”, describió.

En este marco, vuelve a cobrar importancia la necesidad de implementar plenamente la Educación Sexual Integral (ESI), donde algunos de sus ejes apuntan a trabajar sobre el cuerpo que cambia, el fortalecimiento de los procesos de construcción de autoestima y sobre los patrones hegemónicos de consumo. Al respecto, Julieta reflexiona: “La ESI en las escuelas ayudaría a que tanto hombres como mujeres puedan entender quiénes son y cómo quieren representar esa identidad, necesitamos una educación que enseñe que cada unx es más allá de lo que diga la moda y lo que los locales te impongan y eso se va a ver reflejado a la hora de reclamar por nuestros derechos”.

Sobre este último punto, menciona: “Estoy en un proceso de deconstrucción lento, en algunos puntos siento que avanzo pero en otros me faltan kilómetros. Pero creo que los caminos vienen a partir de reclamar lo que nos corresponde. Actualmente podemos salir a la calle a exigir el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos pero todavía no vamos a Defensa del Consumidor a decir: me recorrí todo el centro y no hay un talle que me entre, y esto es porque nos sigue dando vergüenza porque pensamos que es nuestra culpa. No nos animamos a escrachar al boliche que no nos dejó entrar por gorda, nos vamos a dormir llorando y pensamos que tenemos que dejar de comer para entrar a ese boliche”.

Sobre el debate de cuerpos hegemónicos, Julieta plantea que aprendió “a no juzgar” y a tratar de entender a la mujer que tiene al lado. “La otra vez subí una foto en la playa y escribí que toda mi vida me había dado vergüenza usar short, tuve comentarios de chicas diciendo que me hacía la gorda, pero yo de verdad estuve toda mi vida sin ponerme un short. Cada una tiene un peso enorme arriba, lo veo en los provadores, trabajo talle 40 en adelante y las chicas de talle 40 y 42 son las que más luchan para que un jean blanco no les haga notar la celulitis, porque aspiran a llegar a un lugar de perfección que no pueden alcanzar y se frustran todos los días. Quiero decir que hay personas que para el afuera tienen un cuerpo hegemónico pero se sienten mal también y se juzgan”, dijo.

Ley de talles

Para concluir, la desarrolladora de Mueck celebró la aprobación de la ley nacional de talles que establece un sistema único de talles –se llama SUNITI: Sistema Único Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria– con medidas corporales estandarizadas para fabricar, confeccionar, comercializar e importar indumentaria destinada a la población a partir de los 12 años.

“Esto significa que una persona va a saber si es talle 40 o 48 dependiendo del lugar y todos los comercios vamos a tener exhibidos en nuestras redes o vidrieras los talles que trabajamos”, sostuvo. Y cerró: “Esto va a cambiar la forma de producir, la ropa va a ser más cara porque en la actualidad se saltean pasos, pero nos va a favorecer a los comerciantes además de los clientes, porque voy a tener que reponer el 48 y voy a saber que me mandan 48 y no un 48 que parece 520. Va a ser un proceso lento pero beneficioso”.

Julieta Gabirondo

Licenciada en Periodismo (UNR) - Profesora de Historia (UNR)