El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes

Una madre que no pudo cuidar. De eso, en esencia, se trata esta novela. La voz que nos cuenta la historia es la del hijo —un pintor en medio de un bloqueo artístico y que lucha con una enfermedad mental— quien recuerda el último verano con su madre moribunda. El perdón da lugar a una reconciliación que no borra las heridas. Aunque puede parecer otra historia más de superación, no lo es, y su logro está ahí: en la crudeza y la rabia de las palabras —que no tienen moraleja—, y que retratan a personajes despojados de cualquier estereotipo.

Tatiana Tibuleac (Moldavia, 1978) es periodista gráfica, presentadora de televisión, correctora y escritora. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (Impedimenta, 2019) es su primera novela y ya es un éxito internacional. La respuesta, me parece, está en el cómo de su escritura: Tibuleac hace poesía con la ferocidad, y eso aliviana el dolor de la historia; la hace todavía más bella. Las metáforas salen del lugar común, descolocan y se abren a diversos significados.

“Los ojos de mi madre eran un despropósito”.

“Los ojos de mi madre fea eran los restos de una madre ajena muy guapa”.

“Los ojos de mi madre eran campos de tallos rotos”.

“Los ojos de mi madre eran el deseo de una madre ciega cumplido por el sol”

Hay algo diferente en la escritura de Tibuleac, algo críptico. ¿De dónde viene esta rareza del lenguaje? Su condición de moldava parece tener mucho que ver. La autora vive actualmente en Francia pero escribe en rumano, y dice estar atravesada por el lenguaje ruso debido a la influencia soviética de su país. Esto la coloca en una posición de extranjera en el propio lenguaje, como si algo se perdiera en el camino y esa ambigüedad del idioma se llenara con poesía.

En su segunda novela, El jardín de vidrio (Impedimenta, 2021), la autora aborda la cuestión de la identidad moldava y sus múltiples lenguas y apropiaciones de forma mucho más concreta.

En El verano en que mi madre… lo extranjero también atraviesa la vida de sus protagonistas: son marginales, polacos exiliados que viven en Francia, con infancias marcadas por el abandono y traumas latentes.

¿Cómo sobrellevar el dolor de una hija muerta? ¿Cómo criar al que viene después? ¿Existe el perdón? ¿Cuántas cargas pesan sobre las madres? ¿Qué hay después del abandono? Parecen muchas preguntas para una sola novela, pero la historia va desglosándose, como mamushkas, con una fluidez y una poesía tal que resulta inevitable llegar hasta el final. La novela duele, sí, pero es tan cruda como hermosa.

Yanin Gulam

Yanin Gulam

Periodista. Profesora en Letras (UNR).(@yaningulam)