Diana Sacayán: el despertar de la conciencia travesti-trans

Diana Sacayán: el despertar de la conciencia travesti-trans

Cuando yo me vaya espero haber hecho un pequeño aporte

a la lucha por un mundo sin desigualdad de género ni clase.

Amancay Diana Sacayán

Por Cecilia Alonso*

En el día de la visibilidad trans recuperamos la historia de vida de Amancay Diana Sacayán, incansable militante de los derechos humanos y, particularmente, de los derechos por la igualdad de género. Su militancia se desplegó en todo los territorios, siendo una de las principales impulsoras de la Ley de Cupo Laboral Travesti-Trans de la provincia de Buenos Aires y de la Ley Nacional de Identidad de Género.

Diana Sacayán nació en Tucumán el 31 de diciembre de 1975. A los pocos meses su familia se trasladó a la provincia de Buenos Aires y se instaló definitivamente en localidad de Gregorio de Laferrere, partido de La Matanza. Su infancia y adolescencia transcurrieron en ese mismo espacio, en condiciones de extrema pobreza y vulnerabilidad, atravesando también situaciones de violencia familiar. Diana encontró en la escuela un primer lugar de contención, como muches niñes del conurbano que vivían en las mismas circunstancias. Lugar que funcionó en esos términos hasta iniciar el proceso que significó asumir su identidad de género, esto es, entre sus 14 y 16 años. La identificación como mujer travesti le costó la expulsión definitiva del hogar y de la escuela.

Se iniciaba, por entonces, una cadena de violencias que la atravesaría por el resto de su vida, una problemática estructural que padece la gran mayoría de las personas que integran el colectivo travesti-trans. Se trata del impedimento al acceso a los derechos humanos básicos: salud, educación, vivienda, trabajo, identidad; exclusión que se combina con prácticas de persecución y hostigamiento sistemático. Ser travesti en el conurbano, decía en una entrevista para Canal Encuentro en año 2015, tiene sus propias complejidades, un peso social y cultural que entrecruza cuestiones de género y de clase.

La prostitución fue su primer medio de sustento económico luego de autopercibirse Diana. Fue entonces cuando entró en contacto con la comunidad travesti-trans. Desde las calles de Laferrere comenzó a padecer, al igual que sus compañeras, la persecución policial constante. Para ese momento –y hasta no hace tantos años- regían en la provincia de Buenos Aires códigos contravencionales de faltas que criminalizaban el travestismo y legitimaban el accionar, hoy considerado delictivo, de las fuerzas policiales. Hacía ya más de diez años que había retornado la democracia y, sin embargo, un sector de la sociedad seguía siendo víctima de la violencia estatal.

De estas situaciones es que surgió en Diana y sus compañeras la inquietud de pensarse a sí mismas como sujetas sociales y políticas. La persecución y el hostigamiento sumado a una coyuntura de fuertes estallidos sociales como fueron los últimos años de la década del noventa, actuaron como disparadores que permitieron a las compañeras travestis-trans ligar sus luchas con otros movimientos sociales, volverse críticas de la realidad e identificarse como colectivo. En este sentido, siempre desde La Matanza, Diana comenzó a militar en las filas del Partido Comunista haciendo territorio y se vinculó con el movimiento piquetero. En el año 2001 fundó el Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación: espacio que surgió al calor de estas reflexiones en torno a lo travesti-trans y lo popular y frente a la necesidad de visibilizar las violencias que padecían.

La denuncia se fue transformando rápidamente en acción. Diana y sus compañeras entendieron que la lucha por el cambio social y cultural era prioritaria, de manera que, iniciaron también el camino de la militancia por la promoción de políticas públicas inclusivas. El propio colectivo impulsó el primer relevamiento sobre las condiciones de vida de las personas travestis-trans (La Gesta del Nombre Propio, 2005), informe que puso en evidencia el acceso restringido a la salud, la educación y el trabajo que sufrían. Diana trabajó desde entonces codo a codo con funcionarios públicos y asociaciones civiles por la ampliación de derechos. Integró el Programa de Diversidad Sexual del INADI, fue la primera candidata travesti a Defensora del Pueblo por el partido de La Matanza –abriendo un debate sobre los espacios de decisión política y la posibilidad de ser ocupados por personas travestis-trans. Integró el Frente Nacional por la Identidad de Género, fue creadora de la Ley de Cupo Laboral Trans de la provincia de Buenos Aires -pionera a nivel mundial y sobre la base de la cual se construyó la posterior Ley Nacional- y se consolidó como una referenta a nivel nacional en lo que respecta a la lucha por la igualdad de género.

Diana fue protagonista de un proceso histórico de ampliación de derechos que aún sigue vigente. Tristemente no pudo presenciar los últimos logros como la sanción de Ley Nacional de Cupo Laboral Trans o la creación del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad porque fue asesinada en el año 2015. El 14 de octubre, la entonces Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, solicitaba colaboración de las fuerzas de seguridad por el esclarecimiento del crimen de Diana Sacayán: su cuerpo sin vida había aparecido el día anterior en el barrio de Flores. Diana había sido la primera persona travesti en recibir el DNI emitido bajo la Ley de Identidad de Género y fue la propia presidenta quién había hecho entrega del mismo. Diana era, además, una figura pública, referente en el campo de los derechos humanos.

La vida de Diana es el reflejo de la vida de la mayoría de las travestis-trans que habitan la Argentina. El promedio de vida es de menos de 40 años, las causas de muerte son, en un tercio de los casos, evitables. Entre las principales se encuentran los travesticidios/transfemicidios, el abuso policial y el uso indebido de silicona industrial. Las estadísticas que Diana denunció insistentemente e intentó revertir hoy la incluyen. Esos indicadores siguen siendo alarmantes, teniendo en cuenta que no se trata de números sino de vidas, nombres, historias.

El asesinato de Diana generó un enorme impacto en el colectivo travesti-trans y sobre el resto de la sociedad civil. Desde entonces comenzaron a registrarse los casos de travesticidios/transfemicidios, se creó la Comisión de Familiares y Compañerxs de Justicia por Diana Sacayán – Basta de Travesticidios la cual es querellante en la causa por su crimen junto al INADI. Su muerte abrió un nuevo debate, esta vez en el ámbito de la justicia, por la categoría de travesticidio/transfemicidio. Fue, de hecho, el primer juicio en el país que debatió la posibilidad de condenar al imputado por odio a la identidad de género, aunque todavía se espera el fallo definitivo de la Corte Suprema de Justicia. Mientras tanto el autor del hecho se encuentra condenado por violencia de género.

*Profesora de Historia – Universidad Nacional de Rosario

El presente artículo está basado en escritos de Diana Maffía y Alba Rueda, en el sitio web https://dianasacayan.info/ y en diversas entrevistas audiovisuales hechas a Diana.

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