Cadahia: “Las sindicalistas aportamos experiencia de práctica política y de unidad”

Cadahia: “Las sindicalistas aportamos experiencia de práctica política y de unidad”

#MujeresSindicalistas | Las mujeres sindicalistas están y no desde hace poco tiempo, en el día a día de la vida gremial, son parte, se organizan, luchan y conquistan lugares de decisión y conducción, aún contra todas las barreras existentes y siempre junto a la potencia colectiva de otras mujeres y disidencias. En esta sección charlamos con mujeres sindicalistas -de la ciudad y el país- para conocer sus historias, cómo se ensamblan sindicalismo y feminismo, cómo recuperar el poder adquisitivo de los y las laburantes, cuáles son los desafíos para la unidad y la construcción de un programa propio del movimiento de trabajadoras y trabajadores. 


Silvana Cadahia es docente y actual Secretaria Adjunta del Sindicato Argentino de Docentes Privados Seccional Rosario (SADOP). Su participación en instancias colectivas se remonta a la adolescencia y su trabajo pastoral, a lo que se fue sumando su compromiso estudiantil y luego su cada vez más activa militancia sindical. Ávida lectora, la capacitación y formación constante es característica de su camino personal y de sus aportes gremiales. En una entrevista exclusiva con Reveladas habla sobre su recorrido sindical, los desafíos del trabajo docente en el contexto de pandemia, la construcción junto a otras mujeres sindicalistas y los ejes que entiende son clave para pensar una reorganización de las estructuras sindicales hacia una mayor igualdad. 

¿Cómo fue tu infancia y vida familiar?

-Nací en Rosario, en barrio Azcuénaga, zona oeste, soy la tercera de tres hijas mujeres. Cursé hasta cuarto grado en la escuela pública y luego nos mudamos y pasé a una escuela de gestión privada parroquial. Mi vida transcurrió entre la escuela, la vereda, la plaza y el club. Siempre vinculada a las instituciones. 

Luego la adolescencia la pasé en la escuela pública, haciendo deportes, con amigas, y en la parroquia donde me puse de novia con el que es mi esposo actualmente. Hice mucho laburo pastoral y social, fui catequista muy jovencita. Todo ello fue forjando una vocación de servicio y ya en la secundaria elegí ser docente, profesora de historia. Mi primer trabajo fue en la escuela, soy de una generación para la que la docencia fue su primer empleo, lo que hoy se ha transformado, y eso tiene impacto en los procesos de formación y agremiación. En el secundario empezamos a indagar sobre los centros de estudiantes y armamos uno en el ‘83, mi lista perdió, y luego en el ‘84 y ‘85 ganamos, yo era la secretaria de eventos y de cultura, era la de relaciones públicas, que me encantan.

Mi experiencia y politización se fue dando en ámbitos que no eran de política partidaria sino más en lo social, si bien vengo de familia con militancia peronista y gremial, en ese contexto de dictadura y represión haber trabajado en territorio parroquial forjó un compromiso por lo social diferente. En la universidad fui delegada de curso y después milité en la asociación de graduados. Todo esto marcó y condicionó la génesis de mi recorrido participativo. 

-¿Cuándo comenzó tu etapa laboral y cómo te sumaste a la militancia gremial?

-Siempre fui afiliada a los sindicatos, trabajé en pública y privada, me sumaba a las medidas de fuerzas pero estaba más abocada a mi carrera académica y a trabajar. Ya era madre, tuve a mis hijos muy joven, y en el nivel superior hay un alto nivel de competitividad porque siempre hay que rendir el recorrido formativo que se tiene por lo que tempranamente me dediqué a la formación y capacitación docente, y eso posponía otras actividades que me gustaban, como mi trabajo pastoral. Después de 15 años de carrera comencé a ser delegada de la secundaria donde trabajaba (ahora tengo 32 años de docencia) y a asumir responsabilidad sindical. En el SADOP se crea el Instituto de Formación y Capacitación pensado por docentes y para que atendiera las necesidades reales de las y los trabajadores, y también nacen las escuelas especiales por el impulso de las familias que fundan estas escuelas y ello plantea la cuestión de la integración educativa, en esa coyuntura armamos el instituto y empecé a laburar acá, donde lograba hacer coincidir mi recorrido académico y militante. En el 2011 me proponen asumir nuevas responsabilidades como consejera, hasta que el 2015 hice un click con el momento político de entonces y en el 2016 acepté el desafío de asumir la nueva Secretaría de Cultura y Derechos Humanos, y desde entonces tengo relevo en las instituciones educativas. La acción social fue muy importante porque en épocas de ajuste y recorte la acción solidaria sindical es fundamental, todo en el marco de una tarea educativa feminizada, el 80 por ciento somos mujeres, donde había que hacer visible todo el trabajo de las compañeras y las consecuencias económicas sobre las trabajadoras. En el 2019 fui electa como secretaria adjunta. 

Ph Martina Haure

-¿Cómo es la participación sindical para una mujer?

-Para llevar a cabo el trabajo profesional, militante, docente, se necesita apoyo de la familia, en el proceso de crianza de mis hijos estuvo mi esposo, y un apoyo familiar que posibilitó que esté hoy acá. Hubo una época de mi vida que fue muy demandante en la que tuve que dejar de hacer otras cosas, como el ocio que es tan necesario para poder seguir creando, hubo ayuda familiar y la ductilidad de mis hijos que iban a cuantos lugares, marchas, charlas que iba la madre. En el gremio docente se da mucho esto de la presencia de trabajadores y trabajadoras de la educación con sus hijos e hijas.

-¿Cómo fue el trabajo en la pandemia realizando tareas esenciales?

-Una cosa es tener a cargo una secretaría puntual y otra asumir una responsabilidad y tener una mirada transversal del sindicato, y más en el contexto de pandemia. Fue todo un desafío poder sostener lo colectivo en un momento de restricción del espacio público, acostumbrados a construir poder en el espacio público, en la calle, en la movilización, tuvimos que trabajar fuertemente porque el trabajo docente fue desde casa, generar dispositivos para sostener lo colectivo y defender las condiciones y medio ambiente de trabajo, que fueron nuevas, insólitas, y a la vez mantener la lógica orgánica sindical. Lo procuramos hacer con el trabajo con los medios para comunicarnos, en las redes, en encuentros semanales, con entrevistas, ciclos, formación. Me ocupé del sostenimiento del aula virtual de la plataforma educativa del Instituto, de generar herramientas y material para dar apoyo para aprender desde casa y acompañar a los docentes en el proceso laboral de ser docente en pandemia. Nos reconfiguramos en la emergencia tratando de defender los derechos y fuimos sindicalistas sin tiempo y espacio, con celular y la computadora permanentemente, lo mismo que los docentes. Fue muy demandante, con secuelas físicas. Y este año con mucha incertidumbre en relación al cronograma escolar que ha demandado la presencial del sindicato en una alternancia de presencialidad-virtualidad. Hemos procurado trabajar estos cambios que nos han afectado en lo personal y ni hablar de los compañeros que han perdido familiares y se han enfermado en la pandemia. 

-¿Cómo se fue dando la articulación con mujeres sindicalistas de otros gremios?

-La vida pública del movimiento de mujeres fue fundamental, permitió construir desde afuera impactando como una fuerza centrífuga al interior de los gremios, hizo presión hasta tener hoy compañeras que son secretarias generales. Fue estratégico desde el punto de vista de la toma de conciencia, siempre pensamos en nuestro oficio, si formamos docentes y personas, tenemos que enseñar con el ejemplo. Hubo un gran trabajo de concientización hacia afuera y hacia adentro, de aprender que si queremos estar en los sindicatos no es para pisar cabezas y repetir el modelo vertical, sino para cambiarlo. El feminismo que milito se construye en igualdad, no para que determinadas mujeres ocupen ciertos lugares sino para abrir nuevas puertas. Desde el 2013 en adelante y desde antes pero quizás sin sistematización, la organización de las mujeres ha sido fundamental para producir cambios, hasta llegar ahora a pedir el cupo en la Confederación General del Trabajo (CGT). Hay que construir horizontalidad, lazos de reciprocidad y redistribución. Las sindicalistas hemos aportado dos cuestiones concretas al movimiento feminista: tenemos una experiencia de práctica política fuertemente organizada y además tenemos unidad, más allá de rivalidades e internas, nosotros tenemos unidad, nuestro norte es la defensa de los derechos de las trabajadoras y trabajadores, cuando hay un derecho vulnerado ahí estamos todos/as/es. La unidad y la organización que te la dan las décadas de trabajo, vos no estas sola y hay algo que te antecede y te continua, somos en un proceso y las organizaciones siguen estando porque nos seguimos formando adentro, por la militancia interna y la construcción de la identidad colectiva. 

Ph Martina Haure

-¿Cómo ves la participación en el proyecto político de país? 

-Quienes integramos un sindicato no tenemos todos la misma afiliación partidaria y la pluralidad es importante, porque la ratificación de la defensa de los derechos es la máxima que nos une por sobre todo. Con compañeros y compañeras sindicalistas con responsabilidades legislativas es posible generar normativas que piensen en y como los trabajadores y trabajadores, es una garantía. 

-¿Cómo ves el presente y futuro de la unidad del movimiento de trabajadoras y trabajadores? ¿Qué rol tienen que tener las mujeres sindicalistas?

-La unidad de las mujeres está, el desafío es lograr una mayor participación que sea genuina, que no nos quedemos en el lado de la demanda, de la verticalidad. Son fundamentales tres cosas: salir del yo pido, me quejo, de la demanda, y decir exijo, planteo, para lograr que lo que las mujeres sindicalistas fuimos construyendo pueda dar un verdadero debate que transforme las estructuras y que no sea un cambio de figuritas. Otra cuestión es la mayor participación en los procesos laborales, hay que debatir los puestos de trabajo para lograr también cambios en la representación, y un tercer eje tiene que ver con ganar los espacios recreando nuevos mecanismos, no es sacando a los varones sino reconstruyendo la organización colectiva y militando la toma de conciencia, lo que ya venimos haciendo porque no es causal que hemos llegado hasta acá. No puede ser que se hable de la participación de las mujeres sin convocar a las compañeras y otra cosa clave es respetar el laburo de las compañeras de base, no podemos tampoco imponer a unas sobre otras, las realidades hacen que las necesidades y urgencias sean distintas, no podemos caer en imponer un único debate, se trata también de reconocernos y entender las culturas populares. 

Foto portada Ph Martina Haure.


Euge Rodríguez

Euge Rodríguez

Licenciada en Periodismo en Universidad Nacional de Rosario. (@RodriguezEugeOk)