El Campito fútbol fem: Las pibas solo quieren patear la pelota

El Campito fútbol fem: Las pibas solo quieren patear la pelota

En el sur de la ciudad, allá donde termina el Distrito, a la altura de Uriburu y Juan Manuel de Rosas, viene construyendo sus primeros pasos un nuevo club barrial. Su origen, su sostenimiento y sus proyectos futuros están anclados en la historia de lxs vecinxs, sus necesidades, los vínculos cotidianos y también la historia de una ciudad toda y de un país que se enorgullece por tener al mejor jugador del mundo.

En barrio La Bajada, esas cuadras que se delinean rodeadas por el ex Batallón 121, desde Uriburu, Juan Manuel de Rosas, cortaba Ibáñez hasta Ayacucho, nació en 2018 el Club Deportivo y Cultural “El Campito”. Se trata de terrenos abandonados, que con el tiempo comenzaron a ser espacio para depósito de basura, y que lxs propixs vecinxs decidieron limpiar y comenzar a utilizar para la práctica deportiva. Hoy, a poco de cumplir un año, El Campito planea sumarse a una liga y lo hará de la mano de las pibas, las jugadoras de fútbol femenino que vienen practicando y que quieren transformar al deporte en una alternativa viable para las niñas y mujeres del barrio.

“El Campito es el club de nuestro barrio y surge a partir de la motivación de lxs vecinxs, puntualmente de un joven que creció acá, Diego Vallejos, que fue sumando gente. Quienes lo llevamos adelante somos todxs jóvenes del barrio de entre treinta y cuarenta años”, cuenta Fernanda Quiroga, integrante de la comisión directiva del club.

Sobre el espacio en sí, Fernanda detalló: “En una de las esquinas del barrio La Bajada siempre hubo cuatro terrenos baldíos abandonados, hubo intentos de usurpación y este último tiempo había empezado a ser un basural, ante ello decidimos limpiarlos y comenzar a usarlos, y poco a poco nos fuimos involucrando todxs en ocupar el espacio, se empezaron a hacer recitales populares a beneficio, actividades para lxs niñxs del barrio”.

Esta tarea comenzó en el año 2007, fue un largo camino marcado por la persistencia de lxs jóvenes convencidxs de la necesidad de darle un uso colectivo a esos terrenos abandonados, y en busca de generar la oportunidad de que lxs niñxs tengan el derecho a practicar en su barrio algún deporte.

“El barrio es muy chico y costaba comprometer a más gente a que se sumara a sostener el espacio, arrancamos cuatro o cinco que nos conocemos desde siempre pero a veces por cuestiones personales es difícil mantener el trabajo”, detalla Quiroga sobre el devenir de estos años y menciona luego lo que llama la particularidad del barrio: “Acá en esta calle -Pasaje Lavalleja al 500- nació Lionel Messi y cada vez que pasa algo en torno a él se acerca periodismo de todos lados del mundo, abro la puerta y hay un japonés sacándose fotos en la casa de enfrente”, dice y se ríe de la anécdota.

Por lo que genera en el mundo ese pibe de La Bajada, el año pasado en el marco del Mundial de Fútbol Masculino, llega al barrio una propuesta que potenciará finalmente el proyecto de El Campito.

“En el año del mundial vino una productora conformada por gente de distintos países con la intención de armar un documental sobre Messi, estuvieron entrevistado a la gente del barrio, y a partir de esto se organizó el Primer Encuentro Internacional de Muralismo y Arte Público en barrio La Bajada. Fue una semana de junio y hubo muralistas de distintas partes del mundo, se hicieron 32 murales en el barrio con la temática del deporte y la niñez. También uno de los impulsores por ser fanático de Messi nos dejó un mural hermoso de él dentro de El Campito”, cuenta al respecto la entrevistada.

En el marco de esta actividad por primera vez El Campito participa como organización definida en el armado del evento que atravesaba a todo el barrio. Y es también por la magnitud de la actividad en torno a la figura del ídolo mundial que el Estado municipal y provincial se acercan y escuchan a lxs vecinxs que venían reclamando por los terrenos.

“Durante esos días de junio vinieron las autoridades locales y provinciales a recorrer el barrio y aprovechamos la oportunidad para comentarles el interés de hacer un club en estos terrenos que son de la provincia, surge entonces el compromiso de palabra de la intendenta Mónica Fein y del gobernador Miguel Lifschitz de acompañarnos en la iniciativa, nos pusieron en contacto con sus ayudantes y con el director del Distrito Sur, y nos pidieron que conformáramos una asociación con personería jurídica para poder trabajar. Desde ese momento nos abocamos a formalizar nuestro trabajo y creamos la Asociación Civil Deportiva y Cultural El Campito, y empezó a ser todo más ordenado, ahora seguimos esperando que nos concedan esos terrenos, es lo que nos está costando, para que nos hagan un comodato, porque si bien los usamos si hay algún proyecto de construcción  no lo podemos hacer porque no tenemos permiso”, detalla Fernanda.

El Campito

Actualmente y tras el proceso de formalización de la comisión del club, El Campito ya es asimilado por lxs vecinxs del barrio como su propio club.

“Por el momento se practica fútbol en cuanto a deportes pero no nos limitamos a ello, hay mucha actividad cultural enfocada en lxs niñxs, como kermés por el día de la niñez, también hicimos nuestro propio Halloween pero al que llamamos la fiesta del terror de La Bajada, té bingo, venta de comidas, cine a la reposera, rifas. Lo que nos pasa y que tiene que ver con no tener el comodato aún, es que no podemos construir y por ejemplo solo contamos con unos baños precarios”, explica Fernanda sobre el funcionamiento del club.

Con los recursos que se fueron autogestinando, El Campito tiene hoy su cacha limpia, nivelada y cercada. Lxs vecinxs no dudan en afirmar que “cada vez se asemeja más a un club” con fecha fundacional el 16 de junio de 2018.

“En el barrio al ser cortada siempre jugamos en la calle, si bien hay clubes de la zona no son del barrio en sí. Lxs mismxs que jugábamos de chicxs hoy a los treinta y pico de años decidimos crear un espacio para lxs niñxs y para quienes vendrán ya que -por ejemplo- se está proyectando un nuevo cordón de viviendas y un parque y queremos recibir a las nuevas familias que harán que el barrio crezca”, cuenta Fernanda, joven periodista que hoy es parte activa de la comisión del club.

En ese sentido también indica: “Para sostener el espacio y como requisito del estatuto de la asociación civil hoy también cobramos una cuota societaria con excepción de lxs niñxs, lo que nos permite también que todxs lxs vecinxs se sientan parte y se comprometan con este espacio porque lo construimos entre todxs”.

Las pibas al frente

“El año pasado cuando estábamos formalizando el club con el estatuto, y en el marco de la jornada de muralistas que movilizó a todo el barrio, un día sentada afuera con otras mujeres de la cuadra hablábamos de las ganas que teníamos de hacer deporte pero que por tiempo o recursos se nos complicaba, entonces se me ocurrió preguntarles si se prendían a jugar a la pelota, para correr un poco y para divertirnos, y así se fueron enganchando varias vecinas. Organizamos un partido para un martes a las 19 y llegamos a ser unas 14 mujeres”, narra Fernanda sobre el puntapié inicial de lo que hoy es el equipo de fútbol femenino.

“Ese martes los chicos fueron a la hinchada y nosotras nos divertimos como nunca. Luego de ese primer partido nos seguimos juntando y se siguieron sumando más chicas, a veces se hace difícil la continuidad pero el espacio de fútbol femenino nunca se cayó, además se empezaron a destacar chicas más habilidosas”, destaca la joven y también menciona las dificultades cotidianas que aparecen para las mujeres que gustan patear la pelota.

Y agrega: “Está el tema de lxs hijxs que se presenta como una dificultad real, por ejemplo en mi caso soy mamá separada, mi hijo tiene dos años y cuando estoy con él no puedo jugar porque está atrás mío siempre, nos pasaba que corríamos y lxs chicxs atrás nuestro, nos reíamos pero lo cierto es que da cuenta de una realidad de todas las mujeres que solas o no, parece que tenemos que tener el cuidado permanente de lxs niñxs”.

Al no poder aún construir sobre los terrenos tampoco existe la posibilidad de pensar en generar espacios lúdicos o jardines para que lxs niñxs estén contenidxs y que las familias y sobre todo las madres puedan realizar otras actividades.

Pero así como las mujeres lograron transformar el terreno de El Campito también fueron cambiando los roles tradicionales y las tareas de cuidado, al menos para empezar a tener momentos destinados exclusivamente a lo que les gusta, a encontrarse con las demás, jugar a la pelota y divertirse. “Si bien hoy sigue siendo una dificultad, con el transcurso de los partidos también fuimos logrando que lxs chicxs se queden afuera con los padres/abuelos, eso hace visible como de a poco se van transformando los espacios y las costumbres, que las madres en el barrio se junten a jugar a la pelota y que sea el padre el que se haga cargo es una trasformación que si bien con los logros del feminismo al momento parece bastante lógico que suceda, en la dinámica del barrio no se da tan rápidamente. Si lo vemos desde el otro lado, los varones cuando quieren se juntan a jugar a la pelota y nunca los ves renegando con un niño atrás”, dice Fernanda y agrega con orgullo “se empiezan a mover las estructuras y no solo las de tierra”

Por estatuto el club debe participar de alguna liga local, en ese sentido quienes encabezan la iniciativa son las chicas, que martes y jueves a las 19 practican en busca de lograr un equipo que juegue torneos con sus pares de la ciudad.

“Son las pibas las que tomaron la posta, se empieza a vivir el espíritu del club barrial, y son ellas las que están representando al barrio, quieren formar su equipo, hacerlo profesional y participar en las ligas. Las chicas tienen el envión de lo que está pasando en el país con el fútbol femenino profesional, están más organizadas y con perspectivas más claras de participar de un torneo”, cuenta la joven periodista.

Y dice: “Cuando comenzamos a jugar muchos nos cargaban porque nos costaba más, éramos más lentas, no teníamos práctica y ahí es donde aparecen visibles las problemáticas de género, las oportunidades, nosotras no jugamos peor que los chicos, pero nunca pudimos practicar como ellos, los varones están acostumbrados a jugar a la pelota, para nosotras es una excepción”.

Las pibas del Campito Fútbol Fem

Las pibas no solo se entusiasman con jugar y con las puertas que se abrieron a partir de la lucha pública de jugadoras nacionales demandando iguales oportunidades y derechos laborales que los varones, sino que también se convierten en ejemplo para las niñas del barrio que no ven solo practicar a varones. Ser niña y jugar al fútbol va convirtiéndose en una realidad concreta en El Campito.

“Cuando empezamos a jugar las mujeres, las nenas nos veían y querían jugar a la pelota y ahí pensamos en hacer fútbol infantil mixto, nosotras no podemos jugar con los varones porque ellos juegan desde que caminan, entonces las condiciones son desiguales, por eso pensamos en las nuevas generaciones para abordarlo de otra manera y que aprendan juntxs”, comparte la entrevistada sobre el la iniciativa de que niños y niñas entrenen juntxs, todos los viernes a las 19hs en el fútbol infantil mixto.

Otro aspecto que comienza a destacarse de la práctica local del fútbol femenino es “el espíritu de equipo, al que le decimos sororidad, porque desde este deporte también se pueden transmitir otros valores, nuestros valores feministas también son parte de este ocupar espacios,  no venimos a destruir nada pero sí a pensar a través de este deporte otro tipos de vínculos. La mayoría de las mujeres y jóvenes tenemos distintas pertenencias ideológicas pero rescatamos lo que nos une: somos madres, peleamos con las mismas barreras, queremos lo mismo que la otra, transformamos el fútbol en una herramienta más para vincularnos y dialogar con otras mujeres y cuando eso sucede surgen cosas nuevas, compartimos cosas como madres, vecinas, jugadoras, mujeres, integrantes del club”.

El equipo de fútbol femenino de El Campito surgió de mujeres que buscaban divertirse, encontrarse a través de un deporte, patear la pelota –algo que les gusta igual o más que a sus compañeros- y hoy es un espacio para pibas del barrio que apuestan a formar un equipo y ser parte de la liga local, también es la puerta que abrió la posibilidad de que las niñas desde pequeñas pateen la pelota junto a los niños.

“Sin estos espacios no surgen las pibas buenas en el fútbol, quizá solo una se destaca cada tanto, generando el espacio de entrenamiento a la par de los varones pueden ser muchas más. Hoy las niñas consideran el deporte como una opción”, dice Fernanda y describe así todo lo que implica la verdadera igualdad de oportunidades en este deporte, que tiene que ver con la lucha de las jugadoras de clubes nacionales por la profesionalización de su trabajo y que también tiene que ver con la existencia en cada barrio, en cada club, de las condiciones para que niñas y niños puedan practicar desde pequeñxs sin distinción de género.

Fernanda Quiroga ante el mural a Lionel Messi en El Campito

En El Campito hay varios murales y en uno -el más grande- está el de Lionel Messi. Las mujeres del barrio sueñan con que algún día el mural de una piba esté al lado del goleador mundial.

Para cerrar Fernanda asegura: “Somos el primer grupo de mujeres del barrio que jugamos en el club y sabemos que no vamos a ser las últimas, estamos creando una nueva imagen desde lo cotidiano, la lucha por la profesionalización va en ese sentido, pero la base es que todxs puedan patear la pelota desde siempre”.

Euge Rodríguez

Euge Rodríguez

Licenciada en Periodismo en Universidad Nacional de Rosario.